Turismo
 
Inicio del Sitio Jueves 3 de abril
 

 




CHAT
FOROS
CORREO
LA GUIA
CLASIFICADOS
EMPLEOS
TURISMO
ESPECIALES
EDICION MOVIL
ESCRIBANOS
CONOZCANOS


 
 

La cercana extinción de los zapateros

Los zapateros de El Salvador comienzan a escasear, sólo un pequeño grupo aún se dedica a este oficio, la mayoría labora en reparar calzado

Mauricio Vallejo
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

Hace mucho, a los zapateros no les alcanzaba el tiempo para atender tanto pedido. Ahora, la historia es diferente. Foto Digital Jorge Reyes

Encontrar un zapatero que haga un par de zapatos a la medida, al gusto y de calidad, se ha convertido en una tarea casi imposible. Los que se dedican a este complicado oficio ya se cuentan con los dedos.

Hace mucho tiempo, en los 70 y 80, era fácil encontrar muchos zapateros, pero en los últimos años, éstos tuvieron que emigrar fuera del país o dedicarse a otras tareas.

La fabricación de zapatos es un trabajo al que muy pocos se dedican, los que persisten fabrican calzado para damas. Son raros los que hacen calzado masculino y cuando lo hacen, es por encargo y a precios altos.

La mayoría de zapateros no fabrica zapatos, porque deben alquilar hormas (formas de pies talladas en madera). Esta pieza es necesaria para que el calzado quede exacto, a la medida.

Otros alegan que con la llegada de los zapatos que vienen del exterior, la gente no busca a los zapateros, afirman que es más barato comprar el calzado extranjero que hacer uno nuevo.

“Nosotros preferimos quedarnos a reparar zapatos. Hacer zapatos nuevos es un gran trabajo, porque hay que cortar, coser y ensuelar”, afirmó Alejandro Hernández, un zapatero ensuelador, quien no está dispuesto a fabricar calzado, porque gastaría más de lo que ganaría.

Gabriel Escobar, zapatero de la colonia La Vega, también es de la idea de reparar calzado. Tiene cinco años de no fabricar un par de zapatos, aunque tiene un buen número de hormas.

“Tengo intenciones de poner una tiendita, porque es muy sufrido el trabajo”, explica Escobar, mientras se prepara a trabajar un cuero de res para ensuelar.

Ellos afirman que en ocasiones hay personas que no quieren pagar el precio de un remiendo (siete dólares) y les dicen que mejor se van a comprar otros. Después regresan con los zapatos que compraron arruinados y pidiendo que les arreglen los anteriores.

Aunque las causas que han provocado la extinción son muy discutibles, lo cierto es que estos oficiosos hombres ven pasar los días con más penurias que glorias. Esa es historia pasada.

 

  HACIA ARRIBA


Derechos Reservados - El Diario de Hoy, El Salvador, C.A. - Aviso Legal