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Contestando
DAÑO COLATERAL
Marvin Galeas*
e-mail: marvinn@integra.com.sv
También
dije y lo sostengo, que hoy que la guerra es un hecho, rezo por
que termine lo más rápido posible
Es una pena tu amenaza de no leer nunca más esta columna
como represalia por mis opiniones en torno a la guerra en Iraq.
Lamento, además, el tono ríspido y tan poco elegante
en el uso de adjetivos calificativos en tu carta. Siempre pensé
que, aunque no somos amigos del alma, teníamos una relación
basada en el mutuo respeto y en ciertos niveles de simpatía.
Me da tristeza descubrir la pobre visión que tienes de la
amistad. Nunca imaginé que supeditaras la amistad al hecho
de estar completamente de acuerdo con tus opiniones. Confieso que
en muchas ocasiones estoy de acuerdo con lo que dices. Pero en el
caso de esa terrible guerra, no lo estoy. Pero la diferencia entre
tú y yo no es apoyar la guerra o no. Eso es muy maniqueísta.
Te colocas tú de lado de la paz,y me colocas a mí
a favor de una carnicería. No. La cosa no es así.
Sostengo que, después de haber vivido por largos años
una guerra, una guerra de verdad con bombazos, muerte y destrucción,
me opongo no sólo a cualquier guerra, sino a todo tipo de
acción violenta, sobre todo a aquellas que son utilizadas
como método para imponer ideas políticas. Tienes que
creerme que, luego de andar más de tres mil días con
sus noches con la muerte doblada en cuatro en la mochila, abrazar
a mis hijas en la paz de mi casa es algo muchísimo más
que un acto rutinario.
Pero decir que tengo la percepción de que esa guerra no es
una arrebatiña por el petróleo, sino que es por razones
mucho más complejas, no me convierte en agente imperialista,
como tampoco el que tú insistas en lo contrario te convierte
en un agente de Sadam Hussein. Como dice alguien, si lo que los
gringos querían era petróleo barato, pues les hubiera
sido mucho mejor hacer un arreglo con el gobierno de Iraq y evitarse
así los costos terribles de una guerra en todos los aspectos.
También dije y lo sostengo, que hoy que la guerra es un hecho,
rezo por que termine lo más rápido posible. Y que,
si hay un ganador, pues que sean los combatientes que luchan cobijados
por la bandera del país donde dos millones de salvadoreños
han hecho su segunda patria.
Hay argumentos, te lo juro, de mucho peso a favor de mi posición.
Pero esto no es un artículo de análisis, sino sólo
una columna de opinión. El hecho de que millones de personas
marchen por las capitales del mundo portando pancartas con leyendas
como no queremos sangre por petróleo no es un
argumento contundente de nada. Imagínate a los millones que
decían que la Tierra era plana. Colón tuvo que darle
la vuelta a la chibolita del mundo para probar la increíble
redondez del planeta. No. El tumulto nunca ha sido prueba de nada,
por más emotivo que sea.
Es cierto que a través del Internet circulan análisis
llenos de datos y argumentos lógicos que llenan de rabia
a cualquiera al leer cómo los potentados de la Exxon, Shell
y otras multinacionales hacen alegres cuentas de sus ganancias,
mientras la sangre corre por el desierto. Tú me enviaste
uno de esos análisis, diciéndome que eso lo explicaba
todo. Qué fácil. Pero tú también me
enviaste, emocionadísimo hasta las lágrimas, un poema
de García Márquez en el cual se despedía del
mundo.
Pero ojo que el tal análisis es una vil manipulación
de pacotilla y la supuesta despedida jamás fue escrita por
el Nóbel colombiano. Ambas son tomaduras de pelo para embaucar
incautos. Te sugiero más sentido crítico con lo que
lees. No todo lo que brilla es oro. Y no es que ahora resulte que
el sol es una baratija. Simplemente, hay que ver las cosas con sentido
crítico.
Te quiero preguntar, porque al final sé que leerás
esta columna, ¿por qué esa tendencia a decir que toda
opinión que no te gusta es pagada por oscuros intereses?
Yo escribo lo que pienso, lo que creo, y sé que eso trae
consecuencias. También recibo un salario por mi trabajo comunicacional,
que no tiene nada qué ver con el Pentágono. Pero acaso
no recibes tú un salario por tu trabajo honrado. A veces
da la impresión que los contestatarios del mundo viven del
aire.
¿Es que acaso el humilde trabajador que construye carreteras
es un servil de los millonarios, porque en esas carreteras circularan
los Mercedes Benz de los ricos? ¿Debemos ver en el motorista
de los camiones repartidores de Coca Cola a un agente de las aguas
negras del imperialismo? Por favor.
Además, ni tú ni yo estamos participando directamente
en la guerra. No te he lanzado misiles ni bombas. Tampoco tú
me has hecho ningún daño a mí, salvo la amenaza
de no volver a leer mi columna. Siendo así las cosas, consideraré
el enfriamiento de nuestra amistad como un daño colateral
de la guerra. Por mí, estoy siempre con la bandera blanca
de la paz. Eso sí, si vienes, quiero decirte algo: ya leí
tus insultos, quisiera conocer ahora tus argumentos.
*Columnista de El Diario de Hoy.
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