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La nota del día
La gran escasez de la regimentación

Al igual que Castro con los cubanos, si se tiene a los iraquíes dependiendo de cupones para comer, se reducen en gran medida las posibilidades de que se metan a conspiradores

Al desbaratarse el riguroso sistema de reparto de alimentos en Iraq, la población está quedando sin agua ni comida, lo que amenaza con provocar una hambruna. Casi desde su llegada al poder, Hussein se puso a controlar el flujo de alimentos, los que se racionan como en Cuba. Cerca de la mitad de los iraquíes dependen de alimentos importados, adquiridos por medio de un programa de las Naciones Unidas financiado con petróleo.

En una sociedad libre nadie se quiebra la cabeza montando el enorme aparato que se necesitaría para organizar el abastecimiento de ciudades y pueblos con alimentos. Sólo imaginemos las enormes dificultades que tal cosa implica: ¿cuántas toneladas de pan hay que fabricar, cómo y en qué cuantía se van a despachar a cada barrio y comunidad, quién hará los cobros y en qué manera se van a contabilizar las decenas de miles de transacciones? ¿Y si los alimentos están racionados, cómo evitar que haya escasez y qué medidas de emergencia se tienen que adoptar cuando una población no recibe su pan, o para el caso sus camisas o piezas de repuesto?

Es maravilloso recorrer San Salvador muy temprano por la mañana, sobre todo en las cercanías de los mercados. Circulan centenares de camiones y ve- hículos de cualquier clase, llevando a vendedores y abastecedores de un lado a otro con sus mercancías. Pero no hay un “comando central” que organice esa febril actividad, ni se ponen de acuerdo unos con otros para definir lo que van a suministrar y en qué cuantías. Simplemente se las arreglan con base en los precios de plaza (los que presentan tanto oportunidades para ganar dinero como para perderlo) y a relaciones comerciales que se desarrollan y afianzan con el tiempo. El milagro lo hace el mercado a través de las leyes de la oferta y la demanda.

Se dice que la esencial debilidad, o lo ruinoso del socialismo, consiste precisamente en su total incapacidad para organizar producción, distribución y consumo. De allí que siempre estén pasando de penurias, a penurias aún más terribles, o penurias espantosas. Y es por ello que una de las características del paisaje urbano de Cuba, como fue también en Nicaragua, son las colas de gente frente a las tiendas. Aquí en El Salvador, o para el caso en Perú o Francia, es en extremo raro que se forme una cola para comprar, exceptuando pases para espectáculos musicales o deportivos. Para el resto de artículos que la gente requiere, se trate de gasolina, de verduras o de ropa, cuando un negocio no es capaz de suplirlo, o se expande o le montan competencia a una cuadra de distancia.

El racionamiento lo sustituye el mercado


Los pobres iraquíes la pasarán muy mal en los próximos meses, tanto por la guerra (la guerra para sostener a un dictador) como por el colapso del sistema de racionamiento montado por Hussein. Este no hacía otra cosa que seguir el ejemplo de las dictaduras más feroces y eficientes: someter a la gente a pura hambre. Al igual que Castro con los cubanos, si se tiene a los iraquíes dependiendo de cupones para comer, se reducen en gran medida las posibilidades de que se metan a conspiradores.
Al derrumbarse una economía regimentada surge de inmediato el mercado negro, esencialmente libre. Como se dio aquí cuando los duartistas controlaban el aceite comestible y la leche.


 

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