\
Turismo
 
Inicio del Sitio Martes 25 de marzo
 

 




CHAT
FOROS
CORREO
LA GUIA
CLASIFICADOS
EMPLEOS
TURISMO
ESPECIALES
EDICION MOVIL
ESCRIBANOS
CONOZCANOS


 
 

La columna nacional
¿Quiere usted saber por qué se castigó a ARENA?

Roberto López-Geissmann*
Editorial
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

En sus orígenes ARENA nutrió sus bases en un entramado de agricultores, militares, empleados

Es increíble que todavía exista quien se resista a admitir que se ha operado un voto de castigo para ARENA, cuando hacerlo no sólo no le hace ningún mal, sino es el comienzo de una acción profiláctica, asumir una realidad, que puede llevar al todavía gran partido a reverdecer sus laureles.

¿Qué razones se tuvo para castigar con el voto al partido ARENA?
Como todos sabemos, ARENA surgió ante una coyuntura de necesidad, de emergencia nacional, y no era posible derivar a elucubraciones filosóficas cuando lo que se tenía que hacer era sacar pecho y entregarse a la tarea de defender a la nación en peligro. El entonces glorioso partido lo hizo, y lo hizo bien. Sin embargo, la institucionalidad, el estado de Derecho, el sentido democrático en términos generales, de la misma forma que la estructura común a los modernos estados occidentales, con su parlamento, la economía de mercado, los partidos políticos y una visión mezclada de conservatismo y progresismo, todo ello le daba un rostro, nada original, pero que no constituyó al principio un problema mayor, siendo más bien una plataforma en la que habría que haber construido un proyecto más específico.

Y este es su primer gran error. Quedarse en un anticomunismo (lo que es correcto si se acompaña de algo asertivo y concreto), en un nacionalismo más bien romántico, que por sí solo hace agua en estos tiempos, y en la programada indefinición de su pensamiento económico. A media vida tuvo el aserto de instalarse en la economía social de mercado, pero su estancia fue poco conocida, efímera y no muy profunda. Luego fue barrido, sin consulta a las bases ni debate público ni nada, por una corriente de vientos del norte, la que, sin expresarlo se adscribe a cierta forma que se dice neoliberalismo, tendiente en todo a la globalización. Pero paralelamente ocurría otro fenómeno.

En sus orígenes ARENA nutrió sus bases en un entramado de agricultores, militares, empleados. Con mucha juventud, muchísimas mujeres y todos con el denominador de valentía y audacia. El temperamento lo conformaba lo mejor de la clase media -en su más amplia acepción-, aunque con participación de casi todos los sectores. Después de la impostura de la paz, en una negociación a brazo torcido, el arenero se tragó sin apercibírselo toda una concepción de las cosas en las que no estaba de acuerdo un segundo atrás, lo que empezó el éxodo, largo y lento, de luchadores de la primera hora hacia “la banca” (voluntarios o enviados), confundidos unos, cansados otros, sorprendidos los más, y esperando todos que los “buenos muchachos” que estaban tomando el relevo supieran lo que hacían. Sin apercibirse en ese entonces que era una clase entera la que se sacaba de la participación de primera fila. La más importante.

Empiezan a aparecer más y más individuos millonarios. Es más exacto que hablar de “empresarios”. En principio, el hecho de contar con grandes millonarios no tiene nada de malo (aparte de lo que aporten), ya que buena parte de ellos tiene el “savoir faire”, las relaciones, la experiencia y la eficiencia que cualquiera quisiera tener a su lado. Magnífico contar con ellos, sus opiniones siempre, incluso algunos en la dirección es correctísimo. Pero... si en los mandos superiores se encontrare una cantidad excesiva de estos o de sus ejecutivos directos, eso querría decir, aquí y en China, ayer o mañana, voluntaria o involuntariamente, que este grupo tenderá —porque son humanos— a confundir sus intereses con los de la nación, diciéndose que, si prosperan las grandes empresas, también lo hará el pueblo, lo que tiene una cuota de realidad pero tiene que matizarse bastante; ello dará también una personalidad, interna y externa, especial.

Así las cosas, un partido lleno de empuje, con una ideología a escribirse, atractivo e incluyente, devino una maquinaria bien engrasada (lo que es bueno, pero acentuó lo de máquina, en desmedro del hombre), convirtió la antigua cara en máscara, se atildó tras bambalinas, dio la espalda y se dedicó a excluir. La teoría del “mal menor” le había funcionado, pero no se puede dar atol con el dedo a todos todo el tiempo.

Y no es sólo que no se haya mejorado o que haya retrocedido la situación económica de la clase media. Es que en las bajas se visualizan peores tiempos y, en las altas, mayores exclusiones. Pero economía aparte, la percepción de exclusión hacia las personas, los talentos, a las meras oportunidades para probar las capacidades, el uso eterno de outsiders, muestra que poco más que el nombre queda de lo que fue. ¿Le quedó claro por qué se castigó y qué se castigó?

* Lic. en Ciencias Políticas.


 

  HACIA ARRIBA


Derechos Reservados - El Diario de Hoy, El Salvador, C.A. - Aviso Legal