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Graves quemaduras lo dejaron al borde la muerte
La carrera de Adonay

Adonay es hoy un niño distinto. Luego de sufrir graves quemaduras en el cuerpo, un año después, juega y corre como si nada

Susana Joma
Nacional
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

A Enrique Adonay le gusta correr y es muy cariñoso con sus hermanitos. Foto: EDH/Nelson Dueñas

“Yo fui a la escuela con mi mami hace un ratito, a buscar a mi hermano Javier”.
Enrique A. Montes
5 años de edad.

Ríe, grita y hasta baila. Para Enrique Adonay Montes, hoy un niño cinco años y nueve meses, los días tristes y el dolor de las quemadas sufridas en diciembre de 2001, cuando cayó de espaldas sobre la olla con maíz hirviendo, van quedando atrás.

El pequeño, que ya empezó a ir a la parvularia en su municipio de Acajutla, Sonsonate, se admira y habla de todo lo que observa a su alrededor.

Se le ve feliz. A su madre Sandra Yamileth Hernández también, sobre todo al ver la vitalidad de su hijo, que sufrió varios paros cardíacos cuando estaba en estado crítico y ahora se mueve al son de la música y juega sin descaso con sus hermanos.

Sandra está muy agradecida con Dios, con los médicos del hospital Bloom y los especialistas del hospital Shriners Burn Center, de Galveston, Texas. En este centro, gracias a un minucioso procedimiento, le intervinieron para trasplantarle piel en la espalda, glúteos y la parte interna de sus piernas y pantorrillas.

Adonay permaneció en aquel hospital entre el 25 de febrero y el 29 de marzo de 2002, donde de paso se recuperó de una desnutrición severa.
Meses después, el área afectada se ha recuperado, pero ha quedado una cicatriz que le dificulta el movimiento de una de sus piernas y le hace cojear.
Además, aún respira a través de un aparato que le colocaron en la garganta, luego de una traqueotomía (agujero en la garganta).

Según Manuel Bonilla, cirujano plástico, el aparato le fue colocado porque pasó demasiado tiempo con un tubo en la garganta que le ayudaba a respirar.
Sobre si Enrique necesita viajar de nuevo a EE.UU. existen varias opiniones.

“Las sicólogas me recomendaron que volviera cada año para que los especialistas lo siguieran viendo”, comenta Sandra, madre soltera de tres niños que vive de lavar y planchar.

En cambio, el doctor Bonilla señala que en el hospital Bloom pueden atender la traqueotomía, pero el niño no ha llegado. “Se trata de que los controles de las quemaduras se hagan en Galveston, donde fue operado, pero en este caso ya no tiene mayores cosas porque ir”, indicó.

 

 

 

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