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Orientaciones
familiares
Ambiente de violencia
Por Pastor Mario Vega
El Diario de Hoy
E-mail: orientaciones.familiares@navegante.com.sv
Los
once casos de asesinatos en los que las víctimas han sido
cruelmente mutiladas han conmovido la conciencia colectiva al tiempo
que han producido un sentimiento de inseguridad desde el momento
en que la mayor parte de casos han quedado impunes y no se han podido
identificar a los autores y, en varios casos, sus móviles.
En uno de los hechos donde se han producido capturas, dos de los
imputados tuvieron participación directa en el pasado conflicto
bélico cuando eran jóvenes.
Ellos aprendieron a celebrar la muerte como un logro y se acostumbraron
a la idea de la muerte hasta perder el concepto de la dignidad humana.
Ellos son la cosecha de lo que se sembró durante los años
de la guerra.
Pero la guerra no es el único ambiente donde se incuba la
violencia. Los niños y los jóvenes aprenden la violencia
del ambiente y los valores que les rodean.
La primera escuela de la violencia se encuentra en el hogar.
El maltrato entre los esposos, el abuso verbal o sexual son escuelas
contundentes de la violencia. Pero también lo son las palabras
ásperas, las actitudes hostiles, los arrebatos y las revanchas.
Cada vez que un padre actúa de manera violenta con un vecino,
en el autobús, al conducir, está sembrando un mensaje
en la conciencia de sus hijos que, no mucho tiempo después,
llevará sus frutos.
La carga de violencia ambiental es muy elevada. Las calles están
llenas de expresiones muy frecuentes de hostilidad. Se conduce agresivamente
y se reacciona con evidentes deseos de venganza.
Se recurre a la fuerza como la manera de zanjar discusiones. No
se usa la fuerza de la razón sino que se privilegia la imposición
por sobre las razones.
Aunque lo anterior es un enfoque social del fenómeno de la
violencia, no se debe perder de vista la responsabilidad individual
de los que toman la violencia como su arma recurrente.
En la intimidad del corazón humano existe la semilla de la
maldad que puede desarrollarse a extremos que escapan a la imaginación
humana.
Esta raíz solamente puede ser desarraigada por la acción
del Espíritu Santo al crear un nuevo hombre por el nuevo
nacimiento.
Todo esto es posible cuando el hombre tiene un encuentro con Jesús
como Salvador personal. Sin este encuentro, ni siquiera los buenos
ejemplos podrán enmendar las raíces de la violencia
que anidan en el corazón.
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