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Imitadores de nuestro pasado

El cantón San Juan El Espino, en Atiquizaya, Ahuachapán, es reconocido por la elaboración de réplicas de piezas arqueológicas. La familia Juárez fue la primera en dedicarse a la creación de ese tipo de artesanías.

José Osmín Monge
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com

Hace más de 30 años, Gardi e Ismael Juárez, junto a sus cuatro hermanos, escarbaban con ansiedad los vastos terrenos donde trabaja su padre en Chalchuapa.
Foto EDH / Glenda Girón

Hace más de 30 años, Gardi e Ismael Juárez, junto a sus cuatro hermanos, escarbaban con ansiedad los vastos terrenos donde trabaja su padre en Chalchuapa.

Remover la tierra no sólo se realizaba con fines agrícolas, sino también para buscar las llamativas piezas arqueológicas que abundaban en el lugar.

Cuando la suerte estaba de su parte encontraban piezas de barro completas e intactas, pero otras veces se tenían que conformar sólo con algunas fracciones.

Un día de tantos, los hermanos Juárez pensaron que era fácil hacer ese tipo de objetos, y decidieron juntos dedicarse a la de elaboración y a la venta de réplicas de piezas mayas.

En su vivienda, ubicada en el cantón San Juan El Espino, montaron un improvisado taller, y utilizando barro, tierra blanca, cascajo y pinturas hechas a base de tierra de color, dejaron volar su imaginación, comenzaron a crear y luego a vender las imitaciones. Los diseños fueron copiados de las piezas originales que anteriormente habían hallado en los terrenos; también se basaron en imágenes de libros y revistas.

“Nunca engañamos a la gente diciéndole que eran piezas originales. Nosotros siempre hemos sido honestos”, manifiesta don Gardi.

Inspiración divina

Con el pasar del tiempo, los hermanos Juárez hicieron sus propios hogares y cada uno instaló su propio taller.

Hoy en día, el cantón San Juan El Espino es muy reconocido por la fabricación de ese tipo de artesanías. Dicho reconocimiento ha sido posible gracias a la creatividad y al esfuerzo de los Juárez, quienes han mantenido su trabajo a través de los años.

En los talleres se puede apreciar a hombres, mujeres y niños con sus manos sucias y diestras dándole forma a las diferentes figuras.

Como iluminados por los dioses mayas y utilizando el húmedo barro, los artesanos van creando máscaras, en las cuales se hallan plasmados curiosos rostros de antepasados. También fabrican incensarios, vasijas, platos y hasta ídolos precolombinos con moldes de barro.

Barro humanizado


Este grupo familiar, al que se la dado el nombre de “muñequeros”, ha perfeccionado las técnicas de elaboración; ha sido la misma experiencia y la destreza nata de sus miembros lo que les ha permitido alcanzar dicha perfección. Y es que sus variadas creaciones no difieren mucho de las de nuestros antepasados, pues conservan los mismos diseños, texturas y colores.

El proceso de elaboración a simple vista parece sencillo y sin complicaciones, sin embargo requiere de mucho cuidado y tiempo. Todo comienza con la selección de los materiales, luego le siguen la preparación de la mezcla (barro, cascajo, tierra blanca y agua), el moldeado, el secado, el dibujado, la pintada y el quemado de las piezas en los hornos.

“Los Juárez fuimos los primeros en hacer este tipo de artesanías. Ahora, en el cantón funcionan unos 30 talleres, muchos de los cuales son de personas que aprendieron con nosotros”, manifiesta doña Chita Juárez.

Después de quemadas las piezas son conducidas a las bodegas, donde permanecen cierto tiempo hasta que son empaquetadas y luego vendidas a mayoristas. “La mayor parte de la producción es vendida en Guatemala. Ahí es muy apreciado este tipo de artesanía”, comenta don Gardi Juárez.

Con la elaboración de estas réplicas no sólo se está dando a conocer el arte de los salvadoreños, sino también se refleja parte de las creencias y del arte de nuestros antepasados. Pues como dijo el doctor y escritor José María Cuéllar, “cuando el barro se consagra a los dioses se está divinizado. Cuando se consagra a las manos de las mujeres y a los labios de los hombres está fecundado, pero cuando nos muestra el pasado cultural de un pueblo para que aprendamos de sus derrotas y sus glorias... está humanizado”.

Artesanía llamativa

Las réplicas mayas de San Juan El Epino son muy apreciadas por turistas nacionales y extranjeros. En nuestro país es fácil encontrarlas en las tiendas de artesanías ubicadas en los alrededores de la pirámide del Tazumal, en Chalchuapa.

También pueden hallarse en algunas ventas del mercado ex Cuartel, de San Salvador,
Los artículos son variados. Hay vasos, incensarios, platos, máscaras y figuras de ídolos, todos ellos son decorados con extrañas figuras precolombinas.

Los precios son variados; oscilan entre dos y 60 dólares. El costo depende del tamaño y el diseño del artículo.

 

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