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Silencio en las calles de Bagdad

Afiliados al partido Baath de Sadam Hussein se dispersaron ayer con sus armas por toda Bagdad en una demostración de espíritu de combate, mientras las calles de la capital permanecían silenciosas a medida que se acerca la inminente guerra

BAGDAD, IRAQ
SERVICIOS CABLEGRÁFICOS.-
Internacional
El Diario de Hoy
internacional@elsalvador.com

Entre la resignación, la rabia contenida y una difusa esperanza en no se sabe muy bien qué, el pueblo iraquí aguarda el comienzo de una intervención militar. Foto EDH / AP

Entre la resignación, la rabia contenida y una difusa esperanza en no se sabe muy bien qué, el pueblo iraquí aguarda el comienzo de una intervención militar.

Los iraquíes son conscientes de que la suerte está echada y, llevados del fatalismo árabe, terminan por concluir que “cuanto antes empiece esto, antes se acabará”.

Al mismo tiempo, la imagen de unidad nacional en torno a la figura (nunca mejor empleado el término, pues hace años que no se muestra en público) del dictador iraquí, Sadam Hussein, induce, en principio, al observador a creer que la población de Iraq está dispuesta a combatir, resistir y luchar contra el ejército norteamericano.

Vana apariencia. Cuando por fin se consigue hablar en privado con algún iraquí, que no sea militante, simpatizante o muy temeroso del partido gubernamental (y único) Baaz, aquel, no sin numerosos circunloquios, le contará a su interlocutor que la culpa de los males que afligen a Iraq es en gran medida imputable a Sadam.

Ahora bien, proseguirá, “eso no le da derecho a nadie; y menos que a nadie, a Estados Unidos, a atacarnos, invadirnos y quedarse con nuestro petróleo, con nuestra riqueza”.

El éxodo de iraquíes hacia las afueras de Bagdad continuó ayer, mientras que los comercios en la ciudad ya cerraron sus puertas y los víveres y artículos de primera necesidad que no se vendieron, fueron acaparados por los dueños para paliar la crisis que desatará la guerra.

Bombardeo en T.V.

La televisión estatal iraquí emite desde el martes por la noche casi sin interrupción canciones en las que el jefe de Estado es glorificado.

Con graves insultos a Estados Unidos, profecías sombrías y amenazas veladas hacia la propia población, el régimen de Sadam Hussein se prepara para la batalla en Bagdad.

Imágenes que muestran al dictador rodeado por la multitud deben dejar claro al mismo tiempo a los iraquíes que su destino y el de Sadam son él mismo. Mientras tanto, además de las canciones patrióticas, se emiten imágenes de los edificios imponentes que el dictador levantó en Bagdad.
Además se transmitió por la televisión una estrafalaria sesión del Parlamento, en la que los diputados recitaban poesías que versaban sobre el amor a la patria y que proclaman: “Doy mi vida y mi sangre por tí, oh líder Sadam Hussein”.

Todo parece estar destinado a evitar que cualquier iraquí piense siquiera en la posibilidad de que Sadam abandone el país.

“Todos los ciudadanos están armados, incluso las mujeres. Sabemos que el ciudadano no puede oponerse a los misiles y los aviones, pero puede defender a su país y la seguridad en las ciudades”, dijo el diputado Mohammed el Adhami.

Según datos del diario “Al-Hayat” de ayer, que pertenece a una editorial saudí, una alianza opositora se prepara en las provincias de Nasiriya y Samawa para operaciones militares. La oposición chiita repitió informes distribuidos por los comunistas iraquíes según los cuales el hijo menor de Sadam, Qusai, prenderá fuego a los campos de petróleo del país cuando comience la guerra.

Resignación en Medio Oriente

Los países del Medio Oriente encaraban ayer mayormente con resignación la inminencia del ataque exterior a uno de sus vecinos.

El presidente egipcio, Hosni Mubarak, culpó a Iraq de poner en riesgo la seguridad regional y global; Arabia Saudita ya dijo que no participará con combatientes; y los líderes de Jordania, Irán y Pakistán se reunían en un renovado intento de encontrar una propuesta que pudiera detener el ataque militar por Estados Unidos y Gran Bretaña.

Esos sentimientos se han oído con frecuencia a medida que las naciones de la región se resignan a la probabilidad de una guerra inminente y sus posibles consecuencias.

 

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