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Foro de Kyoto
Esperanza para millones de personas sin agua en L.A.

David de Ferranti*
Editorial
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Esta semana en Kyoto, Japón, se reunirán expertos de todo el mundo en el “Tercer foro mundial del agua”, para encontrar soluciones a una crisis en expansión que amenaza las vidas de mil millones de personas en todo el mundo: la falta de acceso al agua potable.
Es un problema global. Y es un problema muy latinoamericano. En nuestro continente, cerca de 15% de la población, es decir unos 76 millones de personas, carece de acceso a agua no contaminada y 116 millones luchan para sobrevivir sin contar aún con los servicios sanitarios básicos.

Diarrea, cólera, disentería, hepatitis, malaria y una amplia variedad de virus mortales están directamente relacionados con la carencia de agua potable. Alrededor de dos millones de niños mueren de diarrea por año.

El agua es vital para el desarrollo. Pensemos en la agricultura. Apenas una quinta parte del total de las tierras cultivables del mundo son irrigadas, pero ésta produce 40% de los alimentos mundiales. Para 2025, los cultivos irrigados tendrán que producir el 70% del total necesario a nivel mundial para alimentar a otros 2,000 millones de personas más. El efecto que esto tiene en el medioambiente ya resulta evidente: casi el 50% de las tierras húmedas ha desaparecido prácticamente y en muchos sitios los ríos ya no desembocan en el mar.

Durante los últimos 50 años se triplicó la población mundial, y el consumo de agua se ha incrementado al doble de la velocidad que la población mundial, resultando en un consumo seis veces superior a dicho aumento de población. En los próximos 30 años, se espera que se duplique de nuevo el consumo de agua. De acuerdo con la Comisión Mundial del Agua, para 2025, aproximadamente 4,000 millones de personas, es decir la mitad de la población mundial, podrían estar viviendo en condiciones de severa escasez de agua con consecuencias desastrosas para todos.

En ciudades y pueblos donde los habitantes dependen de acueductos complicados, tuberías, plantas potabilizadoras y sistemas de alcantarillado, las necesidades son extremas. En América Latina y el Caribe, 26 millones de habitantes urbanos no tienen acceso a aguas mejoradas, y 50 millones no tienen servicio de alcantarillado.

Podemos enfrentar estos retos y mitigar los efectos de una población en crecimiento y con mayor consumo de agua, pero deberíamos hacernos las preguntas correctas. Primero, ¿quiénes son los más afectados por tener insuficiente acceso al agua? La respuesta es clara: los pobres.
Los pobres deben estar en el centro de nuestras respuestas a la crisis del agua. ¿Cómo nos aseguramos que los agricultores de bajos ingresos tengan acceso al agua que necesitan para regar sus sembradíos? ¿Cómo podemos expandir y mejorar el servicio de agua y alcantarillado a los barrios marginales y pueblos jóvenes a costos accesibles para los pobres? ¿Cómo vamos a encontrar los cientos de miles de millones de dólares necesarios para financiar las inversiones vitales que requieren los depósitos, plantas potabilizadoras, tuberías y alcantarillados de los que dependerán las generaciones futuras? Estas preguntan presentan retos vastos y complejos que exigen perspectivas innovadoras. El éxito dependerá de la colaboración entre gobiernos, usuarios del agua, el sector privado y la sociedad civil en general.

Las reformas deberán tomar en cuenta la gestión de los recursos acuíferos, la provisión de agua, servicios sanitarios y alcantarillados, regadío y drenaje, hidroelectricidad y el nexo entre agua y medioambiente. En el Tercer Foro Mundial del Agua, que se lleva a cabo esta semana, representantes del Banco Mundial se reunirán con miles de delegados de los gobiernos, ONG y empresas privadas, trabajando para producir un marco de referencia que será presentado posteriormente en la reunión del Grupo de las Ocho Naciones Industrializadas (G-8) sobre el Agua, a celebrarse en la ciudad de Evian, Francia.

Ésta es la oportunidad para conformar una coalición global, incluyendo a América Latina, que apoye las reformas e inversiones necesarias para llevar agua a esos mil millones de personas. Aprovechémosla.

*Vicepresidente del Banco Mundial para América Latina y el Caribe.

 

 

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