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Tomando la palabra
UNA POMPA DE JABÓN

Marvin Galeas*
e-mail: marvinn@integra.com.sv

El momento histórico del país requiere de los demócratas mucha serenidad, prudencia, sentido de responsabilidad

La noche del pasado domingo 16 de marzo fue de euforia en el local del FMLN. Euforia desbordante, que ciega la razón. Los grupos musicales cantaron alegremente; los activistas y militantes bailaron y gritaron consignas. Pasadas algunas horas desde el inicio de la celebración, llegaron los máximos dirigentes.

Salvador Sánchez Cerén tomó la palabra. Dio por sentado que Schafik Handal se convertirá en el próximo Presidente de la República y que El Salvador marcha de manera ineludible hacia el socialismo. Tanta era la euforia desbocada por haber retenido la Alcaldía de San Salvador, que hubo un momento en que Sánchez Cerén reconoció sin tapujos que el FMLN condujo la huelga del sector salud. Algo que todos sabíamos.

Pero, un momento. ¿Qué fue lo que en realidad ganó el FMLN? Retuvo la alcaldía de San Salvador y otras cabeceras, sacó la misma cantidad de diputados que en la elección del año 2000. Pero perdió una cantidad de votos que se cuentan por miles con relación a elecciones anteriores; la población se sigue inclinando mayoritariamente por los partidos de derecha y, en suma, la foto quedó prácticamente igual que antes del evento electoral del pasado domingo.
Visto de manera fría, la gran alharaca fue más bien por una percepción que por una realidad. Una gran pompa de jabón. Grande, si se quiere, que sube si se quiere, pero es eso: una pompa de jabón. Pero, ¡ojo! la política es también una cuestión de percepciones. Allí está una de las lecciones que los que creemos en la libertad y la democracia debemos asumir con toda responsabilidad.

Del otro lado del río hay otras preguntitas. ¿Por qué los soyapanecos se inclinaron por un activista político de ideas primarias y no por quien, estoy seguro, hubiese sido un gran alcalde: Gustavo López. ¿Por qué los tecleños prefirieron a un pésimo administrador de la cosa pública y no a Rodrigo Ávila, una de las personas más honestas, transparentes y capaces que he conocido?
¿Por qué los capitalinos perdieron la oportunidad de llevar a la Alcaldía de San Salvador a una extraordinaria mujer como Evelyn Jacir de Lovo? El padre Rodolfo Cardenal responde con disimulada alegría: ella no es el problema, es el partido que la postuló. Lo mismo podría valer, de acuerdo con eso, para los otros dos candidatos. ¿Estamos entonces hablando, como dicen muchos, de un voto de castigo?

El análisis del voto de castigo y del premio lleva a una conclusión bastante absurda. El castigo, según esa lógica, fue para un gobierno que ha sorteado con muchísima habilidad la tragedia de dos violentos terremotos que dejaron al país, literalmente, en ruinas, que supo manejarse de manera brillante luego de la crisis mundial por los ataques terroristas del 11 septiembre, que mantiene una razonable estabilidad económica interna en medio de un ciclo recesivo de la economía mundial y que ha colocado a El Salvador en una indiscutible posición de liderazgo regional.

Por el otro lado, el premio, entonces, sería dado al único partido que realmente creció en todos los aspectos, el PCN. Se premió, entonces a un partido clientelista, cuya conducta en la Asamblea Legislativa deja mucho que desear. No tengo nada en contra de los diputados del PCN, como personas. Estoy hablando netamente de conductas políticas. El análisis del premio y el castigo nos lleva a una conclusión bastante triste: los castigos y los premios se repartieron de forma equivocada. Y en medio del absurdo, los que sueñan con derribar el sistema democrático se proclaman vencedores.

Pero las cosas no son tan sencillas. Hay muchísimos otros factores que explican el resultado electoral. Factores que van desde la apatía de los salvadoreños por la actividad política, el lógico desgaste que produce el ejercicio del poder, lo enredado e ineficiente de nuestro sistema electoral, los errores cometidos en las estrategias de campaña, la reaparición del populismo como tendencia creciente en América Latina, las percepciones de una sensible clase media ante algunas medidas gubernamentales, la tradición opositora de los electores en las zonas urbanas... en fin.

Lo cierto es que la euforia del FMLN los hace verse desde ya como los grandes ganadores de la elección presidencial, cuya campaña comenzó el domingo por la noche, con el juego de percepciones. ¿Y qué va a pasar si el FMLN en realidad gana esas elecciones? ¿Se han puesto a pensar en cómo será El Salvador sólo seis meses después de haberse instalado un gobierno marxista? ¿En serio creen que vendrá un futuro mejor? ¿Qué van a sentir en lo más profundo de sus corazones, aquellos que, por enojo, resentimiento o simple pereza, permitieron que, por su apatía o voto de castigo, nuestro país se deslice a semejante tragedia?

El momento histórico del país requiere de los demócratas mucha serenidad, prudencia, sentido de responsabilidad y sabiduría en el análisis. Pero también de mucha determinación y coraje para defender, con el cuchillo entre los dientes si es necesario, la democracia y la libertad. Si se sobreponen intereses personales o de grupos a los intereses nacionales, lo que es hoy una pompa de jabón puede convertirse en una bomba que nos estallará en la cara.
Entonces tocará llorar como pusilánimes apáticos y resentidos lo que no se pudo defender con inteligencia y valor.

*Columnista de El Diario de Hoy.

 

 

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