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Opinando
Votar por la paz

Luis Alberto Amaya Ramírez
Editorial
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

No podemos darnos el lujo de pelearnos entre nosotros, mientras la historia sigue su curso a ritmo acelerado

Yo votaré por un partido político que promueva, con hechos, la paz en El Salvador.
Hemos sufrido años en los que no logramos vivir en paz entre nosotros. Decir “hemos” golpea un poco mi conciencia, pues esos años los viví fuera del país, por motivos de estudio y trabajo.
Supongo que los salvadoreños que vivieron en el extranjero los años oscuros de violencia interna han tenido las mismas percepciones al regresar a El Salvador. La sensación clara de que aquí todos sufrieron mucho. Sin importar edad, situación social, económica, de trabajo o preparación académica. Es una impresión constante en las charlas con parientes, amigos y conocidos. Aunque traten de disimularlo con una actitud bromista.

Votaré por un partido que con hechos me demuestre estar comprometido en crear un ambiente de diálogo, tranquilidad, apertura y paz. Un partido que no vea la violencia verbal o física como medio para lograr el desarrollo del país. Uno que no impulse a los ciudadanos a desestabilizar el orden como medio para lograr resolver los problemas.

El tiempo se nos terminó. No podemos darnos el lujo de pelearnos entre nosotros, mientras la historia sigue su curso a ritmo acelerado. Debemos concentrarnos en resolver tantas necesidades.
Otra percepción: todos nos damos cuenta de que, como país, podemos. La mayoría de los temas por resolver los tenemos bien detectados. Algunas soluciones son claras; otras no tanto.

Tendremos diferencias sobre los medios necesarios para resolverlas. Pero lo que todos deberíamos considerar inadmisible son las propuestas de solución por medio de la violencia.
Un compañero de estudios, cuando nos veía discutir acaloradamente a los demás sobre algún tema, en plan de burla y con la voz parsimoniosa y afectada nos decía: “La violencia nada engendra”. Su natural gracia nos daba risa y lograba terminar con aquellas discusiones estudiantiles.

La violencia tiende a engendrar más violencia. Amarga experiencia que no podemos olvidar.
No cabe, a estas alturas de la historia del país, afirmar que la violencia de ciertos grupos es la expresión desesperada, porque no existen los medios para hacerse escuchar ante injusticias y atropellos que dicen sufrir.

Como país hemos madurado. En la actualidad existen formas de hacerse escuchar. Pero requieren un poco de creatividad e inteligencia. Lo más fácil es recurrir a medios violentos.
Un niño, cuanto más inmaduro emocional e intelectualmente, más recurre a la violencia para manifestar sus necesidades y descontento. Lloros, gritos, pataleos. A medida que va entrando en su sano juicio, la experiencia le enseña que esa no es la manera de hacerlo. Incluso, desde muy pequeños, hay niños que se avergüenzan de sus gritos caprichosos.

Algunos adultos parecen no haber madurado. Aunque siempre existe la posibilidad de que lo hagan. Es cuestión de querer.
Para decidir mi voto, espero en esta campaña electoral propuestas inteligentes. Vías de solución a los problemas. Propuestas diferentes y tal vez encontradas, pero no propuestas atentatorias a la paz de la sociedad.
Porque quiero vivir en un país en paz, votaré por aquellos que, con hechos y propuestas, me demuestran su intención de lograr el ambiente de paz necesario para el crecimiento estable y sostenido de El Salvador.


 

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