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Punto
de vista
GUERRA DEL ¿PETRÓLEO?
Carlos Mayora Re*
El Diario de Hoy
carlos@mayora.org
Es
fácil argumentar sentimentalmente, utili-zar artimañas
retóricas y hacer que el inter-locutor opine como uno, haciéndole
sentir de un modo predeterminado.
Corren vientos de guerra. La gente se pregunta a qué viene
la insistencia de los Estados Unidos en desbaratar el gobierno de
Saddam Hussein en Irak, y la primera respuesta que con frecuencia
viene a la mente es que se trata de intereses de hegemonía
económica, concretamente del control de una fuente vital
de petróleo para la supervivencia de la economía norteamericana.
Quienes así opinan suelen hacerlo desde el prejuicio según
el cual lo único verdaderamente importante en el mundo es
la economía. Hacen depender todo de los pesos y centavos
(dólares y dimes, habría que decir en
El Salvador)... Y subordinan incluso la política y el juego
de poder a cuestiones financieras, o de bolsa llena, corazón
contento. Confunden su opinión con la verdad, y enfocan
las campañas políticas sólo como promesas populistas
de bajar los precios a golpe de varita mágica, de subir los
salarios y de sacar, de no se sabe dónde, un bienestar que
no dependa del trabajo.
Quizá por eso piensan que el único interés
de los Estados Unidos en el asunto de Irak es asegurar una ininterrumpida
fuente de crudo, como si el oro negro fuera la sangre de la economía
y el país estuviera en un terrible peligro de quedar anémico.
También yo me he preguntado al respecto, he leído
con atención las opiniones aparecidas en los distintos medios
de comunicación, dentro y fuera del país, y he recopilado
algunos datos que pueden ayudarnos a comprender otras dimensiones
del problema.
Es fácil argumentar sentimentalmente, utilizar artimañas
retóricas y hacer que el interlocutor opine como uno, haciéndole
sentir de un modo predeterminado. Los políticos, pero, sobre
todo, los vendedores y publicistas son expertos en esas técnicas.
Sin embargo, las fuentes de conocimiento serias y más apegadas
a la verdad, lastimosamente, deben recurrir a las frías estadísticas
y a los aburridos argumentos históricos para dejar claros
sus puntos de vista, por lo que a veces los periodistas y los comunicadores
huyen de tablas y números que hastían y ahuyentan
al lector, pero si se quiere conocer la verdad, no queda a
veces, más remedio.
De los datos consultados, resulta que Estados Unidos importa de
Irak sólo el 2.5% del total de su consumo de petróleo,
y que en conjunto importa de los países del Golfo Pérsico
el 10% del total anual de su consumo; si suponemos que Estados Unidos
no pudiera obtener ese crudo, lo sustituiría con facilidad,
pues las reservas nacionales pueden cubrir con creces ese déficit;
además de que, como es lógico, si se cerrara el grifo
en Oriente Medio, hay muchos más países en otras zonas
del planeta que estarían muy interesados en aumentar sus
exportaciones de petróleo.
Además, me parece un poco ingenuo suponer que dada
la situación en los últimos años, los
norteamericanos se hubieran casado con el petróleo
del Golfo. Lo que muestran las estadísticas, es que la importación
de petróleo proviene de más de una docena de países.
Veamos los datos del período enero-septiembre de 2002: Canadá
(9.7% del total del consumo interno norteamericano), México
(7.6%), Arabia Saudita (7.7%), Venezuela (7.1%), Nigeria (3%), Irak
(2.5%), Reino Unido (2.3%), Noruega (2.0%), Angola (1.7%), Argelia
(1.4%), otros países (12.4%). El resto proviene de la producción
doméstica.
Entonces, si el motivo más importante para la guerra parece
que no es el petróleo ¿cuál es? Pienso que
el miedo. Miedo a que Saddam se convierta en un líder todavía
más fuerte y deje de ser una amenaza hipotética para
la seguridad de Estados Unidos y de sus aliados, y pase a ser una
amenaza real; miedo a pasar a ser un país a la defensiva
(después de muchos años de estar a la ofensiva en
el concierto geopolítico mundial); un miedo que se vio potenciado
el 11 de septiembre y que despertó a los estadounidenses
de sus sueños de grandeza. Pienso que los motivos van más
allá de intereses políticos de corta mira (como la
reelección del señor Bush)... Pienso que los motivos
van más allá, también, de los simples intereses
económicos.
No pretendo ahora analizar las complejas consecuencias de un ataque
unilateral a Irak por parte de los norteamericanos, ni el trastorno
del delicado equilibrio que supone para la paz mundial, ni hablar
de la funcionalidad o disfuncionalidad de las Naciones Unidas, ni
de los continuos y cada vez más insistentes llamados de Juan
Pablo II (que se ha definido a sí mismo como pacificador
y no como pacifista), para evitar la guerra.
Mi propósito es aportar datos al análisis, llamar
la atención acerca de que los motores de la historia son
muy variados, y de que si bien la economía es uno muy importante,
no es ni único ni exclusivo.
*Ing. Industrial, Dr. en Filosofía
y columnista de El Diario de Hoy.
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