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Artesanos
de su propio futuro
Unos
20 pequeños de San Marcos están siendo útiles
a la sociedad. Recolectan los neumáticos abandonados y los
transforman en macetas decorativas. Así aprenden un oficio,
reciclan el hule y aportan al saneamiento ambiental.
Mirella Cáceres
Fotos: Juan José Gómez
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com
Amigos de la Tierra es el nombre con el cual se identifica
un grupo de niños que está trabajando por el medio
ambiente de San Marcos, y cuyo cuartel general opera en las instalaciones
del Centro Salvadoreño de Tecnología Apropiada (CESTA).
Por las mañanas viven con normalidad su vida de estudiantes
distribuidos en distintas escuelas públicas del municipio;
por las tardes se convierten en soldados defensores de su comunidad
confeccionando macetas a partir de las llantas de hule en desuso.
Dentro de su cuartel -una amplia galera- rodean una
larga mesa y al igual que las hormiguitas trabajan con ahínco
en la elaboración de singulares macetas que prometen convertirse
próximamente en un producto novedoso en el mercado de la
jardinería o la decoración con plantas naturales.
Armados de entusiasmo y las herramientas necesarias limpian y cortan
las llantas, miden el alambre y lo tejen habilidosamente entre los
hoyitos que han abierto en el hule con una broca eléctrica.
Todo esto bajo la supervisión y orientación de Nássin
Cuéllar, encargado del proyecto.
De esta dedicación surgen entre dos y tres macetas diarias,
ya sea colgantes o de piso, las que por ahora lucen en los patios
del CESTA con hermosas plantas en su interior. Pronto serán
exhibidas al público, quien poodrá adquirirlas a unos
$3 cada una.
Nássin dice que a estos pequeños les gusta el taller
porque no faltan a la cita cada tarde y la mañana del sábado.
El proyecto ha funcionado hasta ahora con la voluntad de los
niños. Falta la respuesta del público en la compra
del producto y así incrementar el grupo para seguir desarrollando
con ellos educación ambiental, opina Nássin.
Pero la elaboración de las macetas no es todo lo que ellos
hacen, sino que practican la reparación y el mantenimiento
de bicicletas y la construcción de un vivero, el que han
cercado con los rines de bicicletas inservibles.
Antes pasaba aburrido porque en la tarde hacía las
tareas de la escuela, ayudaba en los oficios de la casa y también
jugaba un rato, pero ahora paso más entretenido, dice
Julio Alberto Ventura, de 12 años y estudiante del sexto
grado en la escuela El Milagro.
Sin dejar la escuela
Un requisito que deben cumplir estos soldaditos es no descuidar
la escuela. Muchos de los que llegaron atraídos por aprender
un oficio y habían abandonado sus estudios fueron estimulados
a retomarlos.
Marcos (Atilio Hernández) no estudió por un
año porque le habían extraviado el certificado de
notas y no pudo matricularse, así que vagaba un poco. Vino
acá interesado en aprender a reparar bicicletas y lo aprendió
bien. Le ayudamos a regresar a la escuela donde estudia tercer grado,
dice Nássin.
Cada uno de estos pequeños aprendices sabe lo importante
que es aprender un oficio, pero también valoran la escuela
y han sabido adaptar su tiempo para cumplir con sus deberes.
Cuando no me dejan tareas vengo temprano. A mí me gusta
venir aquí porque me han enseñado a arreglar bicicletas,
a hacer macetas y a cuidar de la naturaleza, dice Carlos Alberto
Rivas, de 11 años, estudiante del cuarto grado de la escuela
El Milagro.
Bajo la aprobación de sus padres, estos pequeños están
aprovechando bien el tiempo libre que les deja la escuela. Se entrenan
en labores productivas como el reciclaje de llantas en desuso y
están contribuyendo al saneamiento del medio ambiente y a
la construcción de su propio futuro.
Recuadro
¿Cómo surgieron?
La epidemia del dengue los impulsó a pensar cómo podían
ayudar en el retiro de focos de infección y uno de ellos
que abundaba en las calles de San Marcos eran las llantas de carro
abandonadas. Luego vendría la idea de transformarlas en algo
útil y resultaron las macetas.
Empezaron en julio de 2001, capacitándose en la reparación
y en el mantenimiento de bicicletas, así como en el uso de
éstas como un eficaz y ecológico medio de transporte.
La idea de trabajar con niños fue un acuerdo al que llegaron
instituciones como el CESTA, la alcaldía, Las Mélidas,
la unidad de salud y directivos de distintas colonias que buscan
el desarrollo local, todo con un propósito: fomentar la educación
ambiental, y qué mejor que hacerlo con niños.
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