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Un
vistazo a los cuatro años de privatizaciones
Privatización
genera más competencia
Además del capital entregado al Gobierno, la especialización
de servicios y mejoras tecnológicas, la privatización
de los sectores de energía, pensiones y telecomunicaciones
han favorecido una mayor competitividad de los mercados
El Diario de Hoy
negocios@elsalvador.com
A cuatro años de haberse iniciado el proceso de privatizaciones
en el país, la mejora de la competitividad de los mercados
y la generación de empleo son dos de las áreas que
más se han beneficiado.
Tan exitosas han resultado las reformas en los sectores de electricidad,
telecomunicaciones y pensiones que ahora el país no sólo
goza de la mejora de esos servicios, sino también de la continua
creación de empleos directos e indirectos que éstas
generan.
Las empresas han servido de multiplicadoras de la generación
de empleo, especialmente para las medianas, a las que les contratan
los servicios básicos de funcionamiento, como transporte,
limpieza y seguridad.
Cientos de profesionales también han aprovechado los espacios
que éstas han abierto, para hacer carrera en las áreas
de mercadeo, atención al cliente, contabilidad y administración
de empresas.
Otros muchos se han capacitado en las diversas áreas de los
servicios que ofrecen las compañías, incrementando
la competitividad de las mismas y generándole mayor valor
agregado al país.
Actualmente, los operadores de estas tres áreas generan un
aproximado de 15 mil empleos, entre directos y subcontratados, favoreciendo
con ello la mejora de la economía doméstica y el consumo
interno.
Las industrias eléctrica y de telecomunicaciones han logrado
aventajar en la generación de empleo al sector de pensiones,
el cual está dominado por las Administradoras de Fondos de
Pensiones (AFP).
Los primeros generan unos 14 mil empleos y este último, un
aproximado de 1,300.
Antes
A inicios de la década pasada, los usuarios tenían
que esperar entre uno y tres años para recibir una línea
telefónica y entre tres y cinco años para beneficiarse
con el servicio de energía eléctrica.
Además de eso, los costos eran elevados y los trámites
engorrosos. Tampoco existían sistemas de financiamiento que
facilitaran el acceso de las comunidades rurales y urbano marginales
a tales servicios.
Debido a que en ese entonces sólo dos compañías
monopolizaban los servicios de telecomunicaciones y energía,
Antel y CEL, respectivamente, la cobertura y la calidad eran deficientes,
y los usuarios no tenían opciones de cambio.
En cuanto a las pensiones, la cobertura y los beneficios eran menores.
Si bien los empleados aportaban menos dinero al antiguo sistema
de pensiones, el cual estaba controlado por el Instituto Salvadoreño
del Seguro Social (ISSS), Instituto Nacional de Pensiones de los
Empleados Públicos y del Instituto de Previsión Social
de la Fuerza Armada (Ipsfa), también las garantías
de pago de los afiliados eran escasas.
Pese a que hasta antes de las privatizaciones las instituciones
responsables de la administración de los servicios empleaban
un aproximado de 20 mil personas, éstas brindaban servicios
deficitarios y empleos de baja calidad.
La mayoría de empleados, muchos de los cuales se han acogido
en los diferentes programas de retiro voluntario, desempeñaban
labores que no requerían ninguna especialización,
por lo que con el cambio de administración tuvieron que capacitarse
y adaptarse al esquema de trabajo del sector privado, para conservar
sus antiguos empleos.
Los ingresos
El gobierno obtuvo varios cientos de millones con la privatización
de los servicios de electricidad y telecomunicaciones.
En el área de electricidad, el gobierno obtuvo en enero de
1998 $586.1 millones por la venta de las distribuidoras de energía.
Además, por la venta de las generadoras térmicas -Acajutla,
Soyapango y San Miguel- recibió en 1999, $125 millones.
En julio de 1998, ingresaron otros $275 millones por la compra de
Antel.
Siempre en el campo de las telecomunicaciones, el gobierno obtuvo
$23.4 millones.
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