| |

Rizos
y enredos de juventud
77 veces
Por Keneth Menjívar
E-mail: kenethmenjivar@hotmail.com
El
rey quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al comenzar a hacerlo,
se le presentó uno que le debía $1,200,000. Como él
no tenía con que pagar, el rey mandó que lo vendieran
a él, a su esposa y a sus hijos, y todo lo que tenía,
para así saldar la deuda. El siervo se postró delante
del rey para que tuviera paciencia y le permitiera pagarle a plazos.
El monarca se compadeció de su siervo, le perdono la deuda
y lo dejó en libertad.
Al salir, aquel súbdito se encontró con uno de sus
compañeros que le debía $100. Lo agarró por
el cuello y comenzó a estrangularlo. ¡Pagame
lo que me debes! le exigió. Su compañero se
postró y le pidió paciencia para pagárselo
todo. Pero él se negó...El rey se dio cuenta de lo
sucedido y mandó llamar al siervo. ¡Siervo malvado!,
le dijo. Te perdone la deuda porque me lo suplicaste. ¿No
debíais tú también haberte compadecido de tu
compañero, así como yo me compadecí de ti?
¡Que bárbaro!
¡Que siervo tan mal agradecido! El rey le había perdonado
una deuda millonaria y él no pudo perdonar a su compañero
que le debía unos ¡cuantos dólares! Eso precisamente
fue el punch, eso fue la fuerza de esta parábola
que Jesús narró a sus discípulos, cuando uno
de estos le preguntó cuantas veces había que perdonar
a aquellos que nos hicieran daño. El maestro de maestros
le respondió a Pedro: Tienes que perdonar hasta setenta
y siete veces... porque si ustedes no perdonan de corazón
a sus semejantes, el Padre celestial tampoco los perdonará.
(Mateo 18:22,35)
Perdonando de corazón
¿Cómo voy a perdonar a mi papá? El me
robó la virginidad ¿Cómo perdonaré
a mi mamá, si nos abandonó cuando aún éramos
unos niños? ¿Cómo voy a perdonar
a mi novio, que jugó con mis sentimientos?, son sólo
algunas de las frases que miles de jóvenes expresamos cuando
se trata de perdonar a aquellos que nos han herido profundamente.
Pero, aunque resulte una tarea difícil y compleja lo debemos
de hacer. Perdonar no es olvidar, es una decisión racional
en la que voluntariamente liberamos de culpa a la persona que nos
ha hecho daño. Al hacerlo, los beneficiados somos nosotros,
pues experimentamos una descarga emocional que trae paz. La vida
es muy fugaz y no vale la pena vivirla amargado. Si Dios me perdonó
mis ofensas ¿Por qué no puedo perdonar a otros?
SEGUIDORES
E-mail: kenethmenjivar@hotmail.com
|
|