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Breve
análisis
La ETA, esa pesadilla espa–ola
Luis Fernández Cuervo*
E-mail: lfcuervo@tutopia.com
Este
fenómeno se encuentra muy vivo en España y toma un
carácter especial en Cata-luña y el país vasco
Me preguntan varias amistades por la ETA, ese movimiento terrorista
contra el cual, el Poder Judicial español recientemente ha
emprendido una fuerte acción contra su cara política,
el partido de Herri Batasuna, incluyendo sus bases en América
Latina. Se sorprenden algunos de que una acción tan decidida
y peligrosa del gobierno español la ETA no dialoga,
mata a sus opositores se esté haciendo de modo tan
rápido y contundente, y varios aprovechan la ocasión
para una crítica local: Mire, en cambio, aquí,
todavía no se deciden a cerrar los casinos. Dejemos
que cada país resuelva sus problemas a su modo. Tampoco sabemos
si la acción contra los batasunos va a mejorar o empeorar
el difícil problema del separatismo vasco y de su versión
esperpéntica, aberrante y criminal representada por la E.T.A.
(Euskadi ta Askatasuna = País Vasco y Libertad).
Existe en Europa, junto con la tendencia a la globalización,
un repunte de los sentimientos regionalistas que en algunos países
toman caracteres francamente nacionalistas, incluyendo tendencias
separatistas. Los hay en Francia, en Córcega, en Italia,
pero especialmente en España.
¿Por qué esas tendencias? ¿Cuál es la
causa? En mi opinión, después de siglos sin problemas
de ese tipo, este repunte de regionalismos-nacionalismos son, en
general, consecuencia de la descristianización y desorientación
espiritual que padece gran parte de los europeos. Si se pierde el
sentido de lo universal y perenne, propios del cristianismo y muy
especialmente del catolicismo, la gente busca otra solidez vital
en la que afirmarse, aferrándose como el náufrago
a su tabla, y se vuelve así a lo particular y diferencial,
a lo regional, incluyendo el arte y el folclor.
Este fenómeno se encuentra muy vivo en España y toma
un carácter especial en Cataluña y el país
vasco, cuyos idiomas y algunas de sus costumbres fueron reprimidas
por la dictadura del general Francisco Franco. Pero el Estado español
actualmente es una democracia dividida en varias comunidades autónomas,
que tienen sus respectivos gobiernos autonómicos con todos
los derechos, que suponen, entre otras cosas, medios informativos
propios, incluyendo canales de televisión. Así ocurre
en Euzkadi (país vasco), donde precisamente gobierna el PNV
(Partido Nacionalista Vasco), sus ciudadanos gozan de los mismos
derechos civiles que los demás españoles y pueden
desarrollar en libertad las peculiaridades de su lengua (el batúa
o eúskera), su historia y su cultura, como cualquier
otro grupo regional, lingüístico y cultural. De hecho,
más del cincuenta por ciento de los habitantes de Euzkadi
es nacionalista, pero no todos de ellos son partidarios de separarse
del resto de España y casi la otra mitad prefiere seguir
como hasta ahora, siendo, a la vez, vascos y españoles.
Si uno se remonta a la historia, Vasconia nunca fue un reino; en
cambio, sí lo fueron su vecina Navarra, Castilla y otras
de las actuales comunidades autónomas. Vascos tuvieron un
papel importante como consejeros y escribanos en la época
de los reyes de la Casa de Austria y también entre los conquistadores
de América. Y sus literatos más ilustres, como Miguel
de Unamuno o Pío Baroja, o su mejor pintor, Ignacio Zuloaga,
no encontraron ningún problema en ser, al mismo tiempo, muy
vascos y muy españoles. Debe añadirse que hoy muchos
vascos viven fuera de Euzkadi y, a su vez, muchos de los que viven
en Euzkadi no son vascos. Además, en las provincias vascas
de Francia, el separatismo tiene mínima fuerza. Cuando Europa
camina por una unión hasta ahora exitosa, que las tres provincias
vascas españolas se separaran de España, sería
una aventura, económicamente inviable. Tampoco los que votan
por Herri Batasuna consiguen más de un 10 por ciento.
¿Entonces por qué la ETA? ¿Tienen alguna justificación
llamar a la insurrección armada y los múltiples asesinatos
(muchísimos perpetrados en gente ajena a su problema)? ¿Es
viable el querer imponer sus ideas por la violencia, el chantaje
económico y el terror? Indudablemente, todo eso no tiene
ninguna justificación moral, pero sí una explicación
sociológica. La ETA, mil veces desarticulada y con sus líderes
encarcelados, revive reclutando nuevos jóvenes entre ese
tipo de gente que en otros países alimenta las maras,
las mafias o las variadas formas de fanatismos. Su propuesta política
y su ideología, más o menos marxista, es lo de menos.
Lo fuerte es que un etarra vive en una cómoda
clandestinidad, sin trabajar, del dinero producido por el impuesto
revolucionario (el chantaje en dinero que deben pagar los
profesionales de Euzkadi para que los dejen vivir), de los secuestros
y de la ayuda del terrorismo internacional. Sus asesinatos son siempre
contra gente desarmada, por la espalda, o mediante el coche bomba
detonado a distancia. Peligros mínimos, dinero fácil,
satisfacciones vitales aseguradas con un mínimo esfuerzo.
Es triste, pero se comprende que exista gente así.
Ya resulta más difícil de entender a ese diez por
ciento que les vota. Cierto que el sistema de inscripción
electoral español, si no lo han mejorado de cuando yo lo
conocí, años atrás, permite hacer trampa y
lograr la votación múltiple de una misma persona.
También es cierto que dentro de Euzkadi, en núcleos
de población reducida, donde todo el mundo se conoce, cabe
no votar o darles el voto por miedo, para que le dejen a uno en
paz. Pero sea cual sea el porcentaje real de los que votan activamente
por la ETA, resulta difícil de entender que pongan sus esperanzas
políticas en ellos. ¿Cómo pueden pensar esos
votantes que con gente de ese tipo, si llegaran al gobierno del
país vasco, podría salir algo bueno?
*Médico y columnista de El Diario de Hoy.
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