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Analizando
México cerrando la brecha política

Rodrigo Chávez
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

La transición mexicana basa su fortaleza en la identidad nacional de los mexicanos, ya que en México todos son nacionalistas y todos son guadalupanos

México nunca dejará de sorprender a América Latina. En una sola década (1990-2000), los mexicanos lograron cerrar la brecha política que se abrió en los sesentas y setentas del siglo pasado y han conseguido construir una democracia funcional y muy participativa. La brecha política, teoría del cientista político Samuel Huntington, consiste en que las sociedades en desarrollo evolucionan mucho más rápido en el campo económico que en el político. Por lo tanto, surgen, debido al crecimiento económico, cuerpos sociales como la clase media, que pide mayor participación política. Además, el sistema político existente no se logra adaptar con la suficiente rapidez.

Como planteó Peter Drucker, “hay una brecha entre el cambio en la economía (que es relativamente rápido) y el ajuste social correspondiente (que es lento)”. Esto es fuente de gran inestabilidad política si no se afronta adecuadamente. Esto sucedió en México entre 1960 y 1990, cuando se creó una clase media, debido al boom económico, que pidió mayor participación en el poder político. El Estado mexicano respondió inicialmente con represión, como es ejemplo la masacre de Tlatelolco (el Tiannamen mexicano), en 1968 . En ese momento, se abre la brecha política en México, expresada en secuestros, gran inestabilidad social y en la guerrilla zapatista en Chiapas, en 1994.

Durante los gobiernos de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) y Ernesto Zedillo Ponce de León (1994-2000), el PRI hace esfuerzos exitosos por cerrar esta brecha política, al permitir elecciones libres en todos los cargos públicos, incluyendo el jefe de la Ciudad de México, y reconocer triunfos electorales del PAN y PRD, principales partidos de oposición. Además, se modernizó el Instituto Federal Electoral (IFE), que supervisó y garantizó elecciones libres en toda la República mexicana. De esta manera, México creó instituciones sólidas que permitieron la transición del PRI al triunfo de Fox en el 2000. La transición mexicana le da al resto de América Latina varias lecciones importantes:

1) Logra una transición política que transformó la dependencia mexicana en el petróleo, como principal rubro de exportación y de ingreso nacional. Actualmente, el 80% de las exportaciones mexicanas es de manufactura y va dirigido hacia Estados Unidos; es decir, la transición política mexicana ha dado beneficios económicos a los mexicanos. Esto es clave para su sustentabilidad. Venezuela, por ejemplo, no pudo hacer esto. El acuerdo de Punto Fijo en 1958 fue incapaz de transformar la economía venezolana basada en el petróleo en una economía diversificada.

2) Le da un factor de irreversibilidad a las reformas políticas al firmar un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos. Al tener un TLC con Estados Unidos, México se asegura que sus avances en democracia e institucionalidad serán protegidos por Estados Unidos.
3) La transición mexicana basa su fortaleza en la identidad nacional de los mexicanos, ya que en México todos son nacionalistas y todos son guadalupanos. Esto le da una gran solidez a la transición.

Sin embargo, el caso mexicano enfrenta ahora un problema en su transición a una sociedad moderna: el sucesor del régimen del PRI, Vicente Fox, es un presidente sin partido y sin Congreso. Para Fox, por no ser considerado un panista puro, es muy difícil conformar alianzas legislativas, incluso con su propio partido, el PAN. Esto ha resultado en la frustración de la mayoría de mexicanos al ver un presidente incapaz de hacer las reformas que propuso. Esto representa otra lección para los mexicanos: deben acostumbrarse a vivir en una sociedad donde la figura presidencial no sea el eje central de la gobernabilidad.

Por ultimo, una gran lección de la transición mexicana es -parafraseando a Klauskowitz-, si “la guerra es la política por otros medios”, entonces “la paz es la guerra por otros medios”. Cuando un país pasa a un régimen democrático o firma un tratado de paz, se crea un ambiente de gran optimismo -se supone que el nuevo país será uno donde las fuerzas políticas vivan en armonía- y se crea una visión romántica del futuro. Pero esta visión romántica no es viable. La lucha entre las fuerzas políticas, en una sociedad democrática o con una paz joven, será igual o más despiadada; lo único que se garantiza es que la lucha política se haga con civilidad y con ciertos límites, aceptados por ambas partes.

 

 

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