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Analizando
Déficit presupuestario
César Augusto Hernández*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
El presupuesto de la nación es un cálculo estimado
de los ingresos a percibir y de los gastos a realizar en un período
determinado. El Ministerio de Hacienda cada año elabora el
presupuesto y lo somete a la Asamblea Legislativa para su aprobación;
pero para el año 2002 no se tomó en consideración
una serie de variables económicas, principalmente del descenso
experimentado por la economía; por lo tanto, tendrán
un déficit mayor.
Según los indicadores económicos establecidos por
nuestras autoridades, el país tenía un crecimiento
macroeconómico saludable, pero esta situación no ha
estado acorde con la realidad porque, desde el año anterior,
la economía viene dando tumbos y cada día hay más
desempleo, porque todas las empresas han experimentado una sensible
disminución en sus volúmenes de ventas y, por consiguiente,
el Estado percibirá menos IVA y Renta, como erróneamente
lo había planificado, y esta situación le ocasionará
un desajuste y disminución de impuestos y, ante la imposibilidad
de poder crear o subir más los impuestos, tendrá que
recurrir a nuevos préstamos, ya sean internos o externos,
para hacerle frente a sus múltiples necesidades, aumentándose
así en mayor proporción el déficit fiscal.
El Estado, como las empresas y las personas no puede gastar más
de los ingresos que percibe; pero el Estado, en los últimos
años, ha venido endeudándose más y más,
y esta situación es peligrosa, porque genera inseguridad
y desconcierto en los acreedores y habrá un momento en que
el Estado ya no podrá pagar sus compromisos. Esos préstamos
no serían mayor problema si el endeudamiento se utilizara
para actividades productivas, como la construcción de carreteras
para tener un mejor acceso para la diversificación y establecimiento
de nuevas industrias, además del ahorro que significa el
consumo de combustible, pero para ello tenemos recursos suficientes
con el FOVIAL; pero se podrían utilizar para la construcción
de puertos que facilitarían el comercio exterior y nos colocaría
con ventajas competitivas con nuestros vecinos; para salud y educación,
que nos permitiría contar con más elemento humano
sano y mejor preparado que generaría dividendos futuros al
país, pero la realidad es otra: muchos préstamos se
destinan para mantener privilegios y la enorme burocracia que cada
día nos corroe y carcome.
En las circunstancias actuales, nuestros funcionarios deben ser
conscientes y realistas, pues ya no podemos seguir manteniendo esos
enormes ejércitos en los órganos Legislativo y Judicial,
y muchas prebendas más de que gozan los políticos,
mientras la mayoría de la población lucha tesoneramente
para sobrevivir y salir adelante con sus familias.
Nuestros gobernantes y políticos deben reflexionar y poner
un hasta aquí a tanto despilfarro de los dineros del pueblo,
para no vernos en dificultades en un futuro cercano.
* Lic. en Contaduría Pública.
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