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Tomando la palabra
Hasta las últimas consecuencias
María A. de López
Andreu
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Los
salvadoreños (con toda razón) repudiamos la impunidad
y aspiramos a vivir en un estado de Derecho
Recientemente supimos, por noticieros locales, acerca de una protesta
pacífica-realizada en contra de los trabajos
complementarios a la famosa Carretera de Oro-.
Y resaltan algunos hechos: uno, que los protestantes
(así les llamó el reportero) dañaron maquinaria,
propiedad de la empresa contratada para efectuar dichos trabajos;
otro, las declaraciones de una señora a quien identificaron
como miembro del Concejo (no comprendí claramente si de Soyapango
o Ciudad Delgado), quien dijo que, en la defensa del medio ambiente
de la zona, estaban dispuestos a llegar hasta las últimas
consecuencias, y, como broche de oro, un grupo de alcaldes
que defienden esas acciones violentas y, anticipadamente, culpan
al presidente Flores de lo que pueda suceder. Me pregunto:
¿serán o se hacen?
Primeramente, dañar la propiedad ajena puede calificarse
como delito, vandalismo, terrorismo u otros, pero NUNCA, de ninguna
manera, puede considerarse una protesta pacífica.
Acciones como esa deberían ser drásticamente castigadas;
allí están los vídeos de los diferentes noticieros
para identificar a los responsables y hacerles pagar los daños
y perjuicios que causaron.
Luego, es incongruente que, mientras teatralmente se comprometen
hasta las últimas consecuencias en defensa del
medio ambiente, sus municipios sean verdaderos chiqueros. ¿Por
qué no se dedican a limpiarlos de la basura y desechos que
los tienen anegados? ¿Acaso no es ese el primer y más
importante paso, no sólo para la defensa del medio ambiente,
sino también de la salud ciudadana?
Los salvadoreños (con toda razón) repudiamos la impunidad
y aspiramos a vivir en un estado de Derecho. Por eso resulta ofensivo
e indignante la absoluta desfachatez con que el grupo de ediles
mencionado defiende estas acciones ilegales y violentas. Ellos -por
sus investiduras-deberían ser los primeros en promover el
imperio de la ley y el respeto a la dignidad, bienes y propiedades
de los demás, ¡pero hacen todo lo contrario!
Lo anterior es apenas una nota de la destemplada sinfonía
que ya se escucha: aquella que se toca previamente a cada elección.
A medida que el tiempo pasa, va subiendo de tono, complicándose,
violentándose y, finalmente, llenando el clima nacional de
angustia y zozobra, para terminar en tedio e indiferencia. ¡De
eso se trata: de vencer por agotamiento y no por capacidad!
El punto es que debemos estar conscientes de que somos manipulados
indignamente; es necesario, pues, ver más allá de
la teatralidad con que nos pretenden engañar.
La escritora Donna Woolfolk-Cross, en el capítulo Propaganda:
How Not to Be Bamboozled (Word Abuse: How the Words
We Use, Use Us, 1979), previene acerca de las tácticas
usadas para influir en nuestras percepciones, disminuyendo así
nuestra capacidad de análisis y raciocinio ante la realidad.
Y es impresionante cómo lo que Donna escribe se aplica verdaderamente
a nuestra folclórica actualidad.
Una técnica que ella describe es convertir en
algo intrínsecamente malo y dañino cualquier tema
específico. Por ejemplo: la izquierda satanizó la
palabra privatización; la mayoría no sabe
ni cómo se escribe, mucho menos, qué significa, pero
cuando la escuchan, es como lanzar un grito de guerra para entrar
en encarnizado combate. Después quisieron hacer lo mismo
-sin lograrlo-con dolarización, y ahora pretenden
repetir el experimento con anillo periférico.
También existe la técnica contraria: hechos que en
nada nos benefician se convierten en buenos y convenientes
al añadirles frasecitas como las necesidades más
sentidas, sociedad civil organizada, enfoque
de género y tantas más que muchos tampoco entienden,
pero están dispuestos a defenderlos hasta las últimas
consecuencias.
¿Entonces?
Analicemos bien qué se dice y quién lo dice. Pensemos:
¿Realmente nos beneficia que se detengan proyectos indispensables,
se cierren fuentes de trabajo, se obstruya el progreso o se deje
de atender a los usuarios del ISSS? Veamos detenidamente si existe
congruencia entre pensamiento, palabra y acción, si quienes
dicen defendernos practican lo que predican. Así
podremos discernir si tienen genuino interés por el bien
común, o solamente es propaganda.
Y cuidémonos de quienes están dispuestos a llegar
hasta las últimas consecuencias, porque ¡OJO!:
lo más probable es que esas últimas consecuencias
sean para todos los demás (es decir, nosotros)
¡no
para ellos!
Sigamos el consejo de Donna, que traducido al salvadoreño
significa: Propaganda: No nos dejemos babosear.
*Columnista de El Diario de Hoy.
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