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Continúa el misterio
¿Dónde se encuentra el Arca del
Pacto?
Edgar López Bertrand
El Diario
de Hoy
editorial@elsalvador.com
Este
es un tema que se trata desde hace más de dos mil años
y, especialmente, en las últimas décadas; tema para
historias, aventuras y leyendas místicas y fascinantes. Estos
relatos se basan, especialmente, en el hecho de que el Arca no es
nombrada en el botín de los babilonios.
En el Vaticano se maneja la posibilidad de que el Arca fuera llevada
como parte del botín a Babilonia, o que, también,
se encontrara entre los objetos que, más tarde, fueron llevados
de regreso por Esdras y volvieron a ocupar su función en
el nuevo templo ( Esd. 6:1-5). Es posible, también, que fuera
escondida por un tiempo y, luego de la reconstrucción del
templo, devuelta al lugar santísimo.
Si el Arca no se encontraba en el segundo templo, surge la pregunta,
¿cómo habrá hecho el sumo sacerdote para rociar
el Arca con sangre en el gran día de la expiación?
La conclusión sería que el Arca fue escondida antes
de la destrucción del segundo templo (70 años D.C.),
o que fue llevada como botín a Roma, por el conquistador
romano Tito. Entonces, el Arca pudo haber tenido la misma suerte
que la Menorá (candelabro de siete brazos), como está
ilustrado en el Arco de triunfo de Tito.
A pesar de que no hay evidencias históricas, desde ese entonces,
se mantiene el rumor de que el Arca, como también otros objetos
del templo, fueron llevados a Roma y, más tarde, cayeron
en manos de la Iglesia Católica. Desde entonces se encontraría
en las bóvedas del Vaticano. Es muy posible que algunos objetos
del segundo templo se pudieran encontrar en los cuartos subterráneos
del Vaticano. Pero, que se encuentren allí objetos del primer
templo es bastante improbable, y esta teoría está
basada en rumores que, hasta ahora, no pudieron ser comprobados.
Aun el mismo candelabro que aparece en el Arco de Tito, según
conocimientos arqueológicos, se trata de una reproducción
y no de un original del templo salomónico. Si los romanos
realmente hubieran capturado el Arca, ¿por qué, entonces,
la reliquia más sagrada del templo no está representada
triunfalmente en el Arco de Tito? En las últimas dos décadas,
causaron sensación, especialmente en círculos cristianos,
las tesis del norteamericano Ron Wyatt (actualmente fallecido),
cuyo hobby era la arqueología. El afirmaba haber encontrado
el Arca del Pacto en la, así llamada, gruta de Jeremías,
bajo el supuesto Monte Calvario.
Se supone, tradicionalmente, que el lugar donde está actualmente
la Iglesia del Santo Sepulcro, en la Ciudad Vieja, fue el lugar
de la crucifixión. Pero, en 1881, el general británico
Gordon encontró una tumba cerca del muro de la Ciudad Vieja,
la cual, opinaba, sería la tumba de Jesús. Una roca
con apariencia de calavera, en las cercanías de la tumba,
la hizo suponer como el lugar de la crucifixión. La tumba,
como también el jardín cercano, tiene todas las cualidades
mencionadas en el Nuevo Testamento para ese sitio.
El lugar es visitado, especialmente, por grupos de viajeros cristianos
evangélicos. Ron Wyatt relató que una revelación
lo había llevado a esa gruta en 1978. El profeta Jeremías
habría escondido en ese lugar el Arca, antes de la destrucción
de la ciudad, y del templo, por los babilonios. En los años
siguientes empezó a examinar el Monte Calvario sin autorización
oficial.
Encontró un pasadizo y anunció, en 1982, haber encontrado
el Arca en un cuarto debajo del supuesto lugar de la crucifixión.
Afirmó que encima de este lugar había una grieta,
donde habría encontrado restos de sangre. De esto, Wyatt
sacó la conclusión de que la sangre de Cristo habría
goteado por la grieta, exactamente sobre el propiciatorio del Arca
del Pacto. Además, también habría encontrado
la mesa de los panes, el altar del incienso y el candelabro. En
1991, la tesis de Wyatt encontró el apoyo del arqueólogo
Jonathan Gray. Pero ni Wyatt ni Gray pudieron probar ni documentar
sus afirmaciones. Wyatt no pudo siquiera presentar algunas fotos
claras.
Lo más aceptable en los círculos cristiano-evangélicos,
es que el Arca del Pacto está en los cielos, como lo expresa
el Apocalipsis, con una poderosa razón. Si el Arca estuviera
en la tierra, los judíos ya hubieran comenzado de nuevo los
sacrificios como en el Antiguo Testamento, rociando el Arca con
sangre, como lo ordena la Ley de Moisés, la Torah.
Pero por la ausencia del Arca y porque el templo no se ha reconstruido,
esta práctica no se puede efectuar. Pero nosotros, los que
hemos creído en Cristo Jesús como nuestro salvador
personal, la Biblia nos declara en el libro de Romanos que somos
templo de Dios, que Cristo -nuestra Arca del Pacto-mora en nuestros
corazones, y que los que hemos creído no necesitamos ni el
templo ni el Arca, pues nosotros somos el templo, y Jesús,
nuestra Arca.
Sabemos que, por la simple lectura de este artículo, no
será fácil entender este misterio bíblico de
grandes proporciones, pero si aceptas a Jesús en tu corazón,
la revelación de Dios vendrá sobre ti y serás
salvo.
*Pastor.
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