| |

La
nota del día
Pueden censurar, pero agregar, nada
Los periódicos no son cunetas callejeras, que recogen todas
las aguas sin discriminación ni orden
Recuerda doña Mercedes de Viera Altamirano que, en una ocasión,
el censor martinista, que todos los días la obligaba a quitar
noticias y artículos, le pidió incluir en el periódico
del siguiente día una pequeña nota. Sepa
señor -le respondió ella-que usted puede suprimir
toda la edición, pero no va a hacerme poner ni una coma
En El Salvador existe una plena libertad de expresión, aunque
haya personas a quienes nunca, o sólo muy ocasionalmente,
se les publica algún artículo o se les entrevista
en los principales medios. La razón es que no todos tienen
algo relevante que decir, o cuentan con las credenciales morales
o cívicas para que se les tome en cuenta. Se publica con
alguna frecuencia lo que declaran criminales, pero más como
parte de la noticia, que por tener ellos derecho a aparecer en la
misma.
Imponer sobre periódicos, radiodifusoras y televisoras cualquier
clase de contenido, o forzarles a publicar lo de otros, es una coacción
más grave que censurarlos, pues desvirtúa, pervierte
y confunde lo que por decisión propia harían los editores
y dueños responsables de ese medio de difusión. En
ninguna gran democracia los medios de comunicación están
conminados a dar espacio a publicaciones o declaraciones de nadie,
a menos, como hemos señalado, que lo determine un juez al
fallar en un proceso.
Las publicaciones forzosas de coletillas(agregados
al pie de textos) y aclaraciones fueron el inicio de
la ofensiva de Fidel Castro contra los medios independientes cubanos
y contra la libertad de expresión. Con las coletillas
pretendían los castristas desvirtuar o negar lo que se publicaba
en cada medio; el régimen afirmó que era esencial
que los cubanos conocieran la verdad, la verdad del
castrismo, exigiendo a los periodistas que trabajaban en los medios
denunciar publicaciones críticas de la revolución
y agregarle las coletillas. Se comenzó con tales agregados
para terminar, en pocos meses, suprimiendo a los medios independientes
del país. Todo lo que en Cuba pasa hoy como diarios y radiodifusoras
está al servicio incondicional de la dictadura. Y la licencia
para agregar coletillas se terminó para los periodistas.
Cada medio determina sus políticas
Como dijo doña Mercedes al censor, entregar a otros la responsabilidad
de lo que se publica equivale a renunciar a un derecho fundamental,
a vender el alma de un diario. Y eso es lo que pretenden ciertos
grupos: que los editores y los responsables de los medios de difusión
del pensamiento se vean forzados a publicar escritos ajenos, o no
puedan editar ni descartar lo que sus reporteros escriban o graben,
indistintamente de su calidad o intención.
La coacción se quiere disfrazar como una exigencia
ética, alegando que se ha dado un retroceso
en el periodismo salvadoreño. Diremos que cualquier grupo
de individuos puede armar los códigos de ética
que le dé la gana, pero nadie, fuera de ellos, está
en la obligación de acatarlos.
Los medios de comunicación, como empresas organizadas, deben
establecer sus políticas informativas para determinar la
naturaleza y extensión de sus contenidos. Eso es parte del
quehacer empresarial y de la eficiente administración de
sus recursos financieros y publicitarios.
Sin esa dirección periodística, que es parte del
acerbo profesional del medio de difusión, se caería
en un caos de nefastas consecuencias.
Los periódicos no son cunetas callejeras, que recogen todas
las aguas sin discriminación ni orden.
|
|