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Las
tribunas que se quieran
Muchas
amenazas se ciernen sobre las democracias, especialmente las de
países recién bautizados con ese nombre.
Rolando Monterrosa
Escenarios
El Diario de Hoy
rolando@elsalvador.com
En
su afan por corregir los errores del pasado, los nuevos protagonistas
suelen abrir compuertas en exceso, sin estar preparados para posibles
desbordamientos.
Estos incipientes procesos democráticos son más vulnerables
cuanto mayor es el entusiasmo liberal de sus dirigentes y los jóvenes
ciudadanos, quienes ven en el debate, en el entredicho indiscriminado
de todo, la consolidación de la democracia ideal. Pero hay
cosas que no admiten debate y una de ellas es la libertad de expresión,
y su natural acompañamiento, la libertad de prensa.
En foros amañados, en los últimos días,
se ha reiterado la falacia sobre los espacios a los que todos,
sin excepción, tienen derecho de acceder en los medios
informativos de un país y de la necesidad de legislar sobre
ello.
Nada más alejado de la realidad. En las democracias tradicionales
lo que los gobiernos se comprometen a garantizar y los pueblos a
defender, es que se puedan erigir todas tribunas que se quieran,
desde las cuales se eleven libremente las voces de quienes quieran.
Un ejemplo a escala de este principio es Hyde Park, en Londres,
donde oradores de diversa orientación ideológica,
confesionalidad o de cualquier línea de pensamiento, pueden
instalar su cajón, pararse sobre él y decirle a su
público lo que piensan. Ninguno de ellos está obligado
a compartir con otro su plataforma. Las audiencias suelen ser más
numerosas ante los que hablan sobre asuntos del particular interés
de estas y menores o ausentes ante los que tratan de asuntos banales
o que sólo dicen estupideces.
La Declaración de Chapultepec, adoptada por la Conferencia
He-misférica sobre Libertad de Expresión, celebrada
en México DF, en marzo de 1994, insta a reflexionar acerca
del ejercicio democrático, en Améri-ca: Varios
logros suscitan el optimismo, pero también aconsejan la prudencia
... las desigualdades, el atraso, las frustraciones transformadas
en intransigencia, la búsqueda de recetas fáciles,
la incomprensión sobre el verdadero carácter del proceso
democrático y las presiones sectoriales, son un peligro constante
para el progreso alcanzado.
Agrega que sin medios independientes, sin garantías
para su funcionamiento libre, sin autonomía en su toma de
decisiones y sin seguridades para el ejercicio pleno de ella, no
será posible la práctica de la libertad de expresión.
Prensa libre es sinónimo de expresión libre.
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