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En
sintonía con Dios
Cómo quiere a su sacerdote
Por el padre Eugenio Hoyos
email: FatherHoyos@utinet.net
En
esta época que hemos tenido ha sido un tiempo de reflexión
y de cuestionarnos acerca de nuestro papel de dentro la Iglesia.
El sacerdote, el pastor --o como algunos suele llamar a este líder
espiritual, el cura, posiblemente por que en todas las
generaciones ha ayudado a curar nuestros problemas espirituales
y morales-- por vocación es un ser especial con un mandato
divino de llevar a la salvación al pueblo de Dios.
La pregunta de esta semana es ¿y usted cómo quiere
a su sacerdote? Es posible saber el gusto de cada feligrés
o parroquiano. La distancia que media entre el sacerdote y sus feligreses
es una de tantas causas del vacío religioso.
Para evitar toda suspicacia, toda falsa o malévola interpretación
sobre la personalidad y función del sacerdote --aunque la
cosmografía, la mala intención, las habladurías
y consejos son propios de nuestras costumbres, más la ignorancia
y la maledicencia de los hombres--, conviene al sacerdote tomar
ciertas precauciones que le eviten en parte estas molestias.
La igualdad de trato con todos sus feligreses. Guardar las distancias,
esto es, estimación y simpatía pero que no sobrepase
el límite del respeto mutuo, Entre la bondad, la serenidad
y la prudencia, se establece una relación que coloca al sacerdote
en el alto concepto de ministro, produciendo una sensación
entre divina y humana, una personalidad aureolada de virtudes que
las personas captan y con las cuales forman una especie de santidad.
El carisma sacerdotal lo imprime el hábito. Un aspecto simple
de maestro, una sabiduría práctica, unos modales ejemplares
y servir con altura. Su prestación está en el cumplimiento
de uno de los deberes, buscar siempre el término medio, pero
que su cátedra, el pulpito de la sensación de lo místico,
de lo grandioso, de una cultura y sabiduría a toda prueba
pero expuesta con un lenguaje claro, igual a la simpleza del alma
obrera campesina.
Hay que tener conocimiento previo de la comunidad que se requiere
transformar y pasar de la teoría a la acción. La misión
del sacerdote es dirigir, dar normas, convencer, formar almas con
dos visiones: su bienestar temporal y su fin último, la salvación.
El sacerdote debe sacrificarse ciento por ciento entre los más
pobres, los enfermos y los rechazados por la sociedad y el mundo.
No debe esperar recompensa ni una frase de reconocimiento. Pero
nuestro deber es apoyarlo y orar por él.
Piensa positivo... busca a Dios.
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