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Palabras
Sin oir la música del corazón

Carlos Balaguer

El grandioso compositor alemán Ludwig van Beethoven escribió muchas más obras musicales, después de quedar sordo, refieren sus biógrafos.

Al tiempo de su muerte, cuando tenía 56 años, estaba componiendo nuevas sonatas y piezas para orquestas, y legó al mundo sobre todas las cosas su inmortal Himno a la alegría, en su Novena Sinfonía, inspirados en los versos de Schiller.

El poeta salvadoreño Alfonso Montoya Ibarra se refiere a Borges como el genio que quedó ciego cuando leyó el verso divino, y a Beethoven como el que escuchó el divino sonido -el acorde perdido- después de lo cual ensordeció.

Entonces Beethoven se aferra a una dolorosa y cruel utilería de rudimentarios aparatos auditivos, para establecer un vínculo con el sonoro mundo que le dejaba, intensificando con apremio sus creaciones.

Pero él estaba al otro lado de este mundo de sonidos y arpegios absurdos. Poco le importaban los aplausos, los vítores, el llanto y el cantar de aquel pueblo de extraviados ecos...

Sus biógrafos cuentan que durante el estreno de su última sinfonía, una joven alumna tuvo que volverlo hacia el auditorio, para que pudiera ver, si no escuchar, las miles de palmas que aplaudían en un vuelo sin límites heroico.


Día a Día

La propuesta de exigir un “finiquito moral” a los futuros candidatos a diputados debe tener a muchísima gente buscando en el diccionario qué quiere decir eso de “moral”. Igualmente, otros estarán pensando que “o todos en la cama, o todos en el suelo”.

¿Por qué sólo a los diputados? Y, de cualquier manera, ¿ser padre o madre irresponsable es acaso lo peor que pueda imputársele a alguien? ¿Dónde quedan asaltantes, secuestradores, ladrones de camino real, extorsionistas y asesinos? El finiquito moral vendría a ser como los que “el Estado” extiende por el probo y transparente manejo de fondos públicos.

Pero en nuestro ya largo peregrinaje por este valle de lágrimas, vimos pocos casos en que los tribunales le contaran las costillas a corruptos.

El colmo no es sólo que haya individuos que se forran de dinero en actividades ilícitas, incluyendo corrupción, sino que, además, se pavonean mostrando sus riquezas.


 

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