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La
nota del día
Aquí existe plena libertad de expresión
Los periódicos y medios informativos tienen que definir,
cada día y cada momento, qué noticias van a destacar
y a quiénes darán espacios
En El Salvador hay un alto grado de libertad de expresión;
no existe coacción ni censura sobre medios, editores, periodistas
o ciudadanos. Se publica, se dice, se declara sin sufrir presión
de gobierno o funcionario alguno, aunque hay grupos particulares
que, en ocasiones, intentan doblegar o impedir el libre ejercicio
del periodismo, como ocurrió durante la marcha que montó
el FMLN el uno de mayo pasado.
Son incontables las personas que hablan, escriben, son entrevistadas,
toman parte en foros, publican avisos y editan sus propias revistas.
En un país que cuenta con doscientas radiodifusoras, más
de doce estaciones de televisión, siete periódicos
y múltiples páginas en el Internet, nadie en verdad
se queda sin espacios para expresarse. En las páginas de
EL DIARIO DE HOY se exponen las quejas e inquietudes de vecinos
de todas las zonas de la República, amén de publicar
lo que dicen diputados, políticos, dirigentes gremiales,
obreros, estudiantes e intelectuales. Cualquier edición comprueba
de manera contundente lo que afirmamos, como sucede al pasar de
estación en estación en los cuadrantes de las radios.
Es una vil calumnia afirmar que en El Salvador no hay una
plena libertad de expresión, como se dijo en un foro
televisado hace un par de semanas. Que en un medio no se le publiquen
artículos a determinadas personas, o que éstas no
sean entrevistadas en un programa, no afecta en nada la vigencia
plena de ese derecho constitucional. Sería como decir que
en el país no hay libertad de tránsito, porque los
dueños de una casa sólo abren sus puertas a un número
muy limitado de personas. Y menos para pasar a los dormitorios.
La gente escoge a sus amigos de la misma forma como elige la ropa,
los vecindarios donde vive, las tiendas que frecuenta y los alimentos
que come. Igualmente, los periódicos y medios informativos
tienen que definir, cada día y cada momento, qué noticias
van a destacar y a quiénes darán espacios. Y en esto
hay criterios múltiples: se prefiere a aquellos con quienes
hay afinidad, o son buenos expositores, o tienen cosas importantes
que declarar. Existe gente indeseable, inmoral, de trayectoria sucia,
como la hay apreciable y sensata. Muchos escriben con gracia, y
otros lo hacen con los pies. Un editor escoge entre diversos escritos,
y se decanta por lo que es conciso y relevante.
No puede coartarse la libertad de los medios
La libertad es ausencia de coerción, por lo que imponer sobre
un diario o una radiodifusora escritos y declaraciones de otros,
sería violar sus derechos fundamentales. El ordenamiento
constitucional garantiza el derecho de expresarse a todos los ciudadanos,
pero no puede cargar sobre ningún medio, los costos y responsabilidades
que representa el uso de espacios noticiosos.
Los contenidos de un medio de difusión -la clase de noticias
que publica, la forma como trata los diversos asuntos de su interés,
las prioridades y la relativa importancia que brinda a unos temas
respecto a otros- es lo que le concede carácter y personalidad.
Un programa deportivo, salvo en rarísimas ocasiones, no va
a tener noticias políticas, como un semanario católico
no dará espacio a otras religiones. Los lectores y oyentes
se identifican con lo que son los perfiles básicos de cada
medio, así como llegan a admirar, en unos pocos de ellos,
sus principios éticos y su limpia trayectoria.
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