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La nota del día
Sigue la lucha contra la droga

Es de esperarse que ningún partido político se oponga a patrullajes cuyo primordial propósito es detener el flujo de droga a El Salvador

Un enorme cargamento de droga, casi dos toneladas, fue interceptado en en aguas internacionales del Pacífico, gracias a los patrullajes de las autoridades salvadoreñas y estadounidenses. Al verse descubiertos, los narcotransportadores tiraron la droga al mar, pero fue recogida de inmediato para servir de evidencia en los tribunales.

El transporte de droga hacia nuestros países es una permanente ocupación de miles de delincuentes que, usando toda clase de escondites y medios, buscan llenar la demanda de sus desgraciadas víctimas. Y lo que antes era un problema de jóvenes y adultos con un cierto nivel de ingreso, ahora ha descendido hasta los más pobres, a quienes se les cocina el cerebro con “crack”.

No es suficiente, desde luego, decomisar la droga y las naves y avionetas que la llevan. Lo principal es imponer castigos ejemplarizantes a los narcotraficantes, en especial a los cabecillas de las bandas. Pero es ese precisamente el eslabón más débil en la lucha contra el flagelo.

El caso más revelador y repugnante es el de una avioneta que fue forzada a aterrizar en La Unión. Los tripulantes dieron fuego a la nave para borrar huellas y evidencias. Hubo testigos de esos hechos y, por encima de ello, lo más importante: dar muchas vueltas en aeropuertos centroamericanos, incendiar la nave y no tener justificación válida para sus meneos. Lo que hasta los ciegos reconocen como típico de narcotraficantes no fue visto por la autoridad judicial, que casi de inmediato puso a los criminales en libertad para que volvieran a las andadas. O se sufrió de “notoria incapacidad”, o los sujetos “se hicieron querer”, o hubo amenazas.

En la lucha contra el narcotráfico, auspiciado y protegido principalmente por la narcoguerrilla colombiana, las FARC y otras bandas terroristas, son varios los aspectos básicos: lo primero, como lo mencionamos, es descubrir e interceptar los vehículos en que se mueve la droga; lo segundo, construir los casos para que resistan la exigencia judicial, y lo tercero, endurecer las leyes y vigilar a sus aplicadores. En esto bien se dice que “debe temerse más al juez que a la ley”.

Interceptar la droga es una compleja actividad, pues a medida que se refinan los métodos para descubrirla, también se perfeccionan los procedimientos para llevarla y esconderla. En esa lucha, la estación de monitoreo aéreo que operan de manera conjunta las autoridades salvadoreñas y el Ejército de Estados Unidos juega un papel decisivo, pues gracias a ella es que se han podido detectar muchísimas aeronaves y embarcaciones. El establecimiento de la estación de radar estuvo a punto de malograrse por la obstinada oposición que montó el FMLN, en parte, por las alianzas políticas que mantiene con las FARC.

Pese a tal oposición, hay que seguir adelante e intensificar la guerra contra la droga. Un siguiente paso es montar patrullajes conjuntos de nuestros guardacostas con navíos de la Marina de Estados Unidos, proyecto en el que actualmente están trabajando ambos gobiernos.

El vicio degrada, destruye y, al final, mata

Es de esperarse que ningún partido político se oponga a patrullajes cuyo primordial propósito es detener el flujo de droga a El Salvador. Lo primordial es subordinar cualquier consideración a lo que es una espantosa realidad: que decenas de miles de jóvenes y adultos caen año con año en garras del vicio, un espantoso vicio que degrada, destruye y, en menos de cinco años, mata.

 

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