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Por
amor a nuestras costumbres
El
colegio Champagnat, de Santa Tecla, clausuró el pasado jueves
su Semana Cultural con el primer festival de danza folclórica.
A través de bailes autóctonos, los alumnos manifestaron
amor y respeto a nuestras tradiciones.
José Osmín Monge
vida@elsalvador.com
Con el objetivo de inculcar en niños y jóvenes el
amor y la admiración hacia las costumbres de nuestro pueblo,
el Colegio Champagnat llevó a cabo su primer Festival de
Danza Folclórica.
Niños y jóvenes (de sexto grado a segundo año
de bachillerato) demostraron su talento y creatividad a través
de alegres coreografías.
El gimnasio del colegio fue el lugar donde se presentaron los jóvenes
artistas, quienes luciendo coloridas vestimentas danzaron a ritmo
del pito y el tambor.
Ambiente campesino
Las instalaciones del gimnasio fueron decoradas con motivos autóctonos,
entre los que sobresalía un escenario con la representación
de una casa rural.
La vivienda contaba con muebles rudimentarios y en ella habitaba
una familia campesina, representada por alumnos de la institución.
El festival inició con la entrada de los artistas. A ritmo
de cadenciosas melodías, los niños y los jóvenes
de las diferentes secciones saludaron al público.
Los aplausos no se hicieron esperar. La emoción invadió
a la concurrencia, pues esa era la primera vez en muchos años
que se realizaba un espectáculo de esa categoría.
Después de la entrada de los grupos participantes se procedió
a presentar al jurado calificador (pues también era concurso),
conformado por la licenciada Martha Gladis de Palacios, del Ministerio
de Educación; el maestro de música Jesús Figueroa
y la bailarina Nelly Beatriz Rosales, integrante del Ballet Folclórico
Nacional.
Rituales y buscaniguas
Y el espectáculo comenzó. Cada sección de grado
se presentó en la cancha del gimnasio, con todo su esfuerzo
y su entusiasmo para hacer el mejor papel.
El zuc del torito, Las pastorelas de Nahuizalco,
El mercado, Los emplumados de Cacaopera,
El baile de los negritos y la Danza de historiantes
y chapetones fueron algunos de los temas que danzaron los
estudiantes.
Esa noche hubo derroche de color y belleza, de música y cultura.
Muchas de las niñas lucían vestidos de colores chillones
y de amplias faldas adornados con finos encajes.
Otras vestían refajos ajustados a sus cuerpos y no faltaron
aquellas que se lucieron con el traje típico de Cacaopera.
Los varones, por su parte, se presentaron con vistosas camisas y
pantalones en tonos variados.
Entre las participaciones destacó un baile precolombino,
realizado por los alumnos del octavo grado sección A. Los
bailarines iban ataviados con taparrabos decorados con figuras mayas.
Este número artístico representó un ritual
ancestral, en el cual se sacrificaba -en honor a los dioses- a una
joven doncella. Llamó mucho la atención la intervención
de varios muchachos, quienes corrían por la pista y daban
estilizados saltos.
También cautivó la atención le baile del Torito
pinto, en el que se representó la algarabía
de los festejos agostinos. Un torito hecho de varas y cartón
recorrió el escenario, dejando escapar a su paso chorros
de luces, cohetes y hasta buscaniguas.
Las coreografías fueron montadas con la ayuda de la maestra
de danza Eunice Payés y de miembros del Ballet Folclórico
Nacional. Los vestuarios fueron confeccionados en el colegio por
los mismo alumnos.
Al finalizar las presentaciones, el jurado calificador escogió
a los ganadores. Los jueces dieron los dos primeros lugares al octavo
grado A, quienes ejecutaron la danza prehispánica, y a los
jóvenes de segundo año de bachillerato, quienes deleitaron
al público con la Danza de historiantes y chapetones.
Al momento de nombrar a los ganadores, los gritos de los jóvenes
se escucharon en el lugar.
Al concluir el festival, nadie del gimnasio se fue triste. Todos
se sentían orgullosos de haber bailado nuestra propia música
y de haber expuesto algunas de las costumbres de El Salvador, que
están quedando en el olvido.
Al rescate de las tradiciones
Con este festival artístico se finalizó la Semana
Cultural del Colegio Champagnat. En ella se llevaron a cabo certámenes
de declamación, poesía, comprensión de lectura,
oratoria, repostería, floristería, murales y dibujo.
Además hubo presentaciones teatrales y se realizó
un Festival de la canción.
Con estas actividades estimulamos la creatividad de los jóvenes.
Si ellos quieren realizaremos este tipo de evento el otro año.
El festival folklórico sirvió para que los estudiantes
conocieran las costumbres de este país, comenta el
hermano José Antonio Ochotorena, director del colegio.
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