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La
columna nacional
Un
error muy serio que debe ser corregido ya
Por Roberto López-Geissmann*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvadorl.com
Enunciado
simple y claro del problema: En muchas oficinas gubernamentales
(para no decir en todas) que tienen necesidad de crear o modificar
una normativa se realiza lo siguiente: se estudia el proyecto de
ley, de decreto, de reglamento nuevo, o las modificaciones al existente,
y una vez trabajado ampliamente y a través de opiniones profesionales,
políticas, técnicas y jurídicas... se pasa
a la rama ejecutiva superior (o a menudo directamente a la presidencia),
para que el jurídico lo estudie y dé el
visto bueno al proyecto, señalando las modificaciones
que a su vez encuentre en el mismo, para posteriormente se reelabore
y pase a la Asamblea como proyecto de ley, o se emitir el acuerdo
o normativa, en el más amplio sentido del caso.
Parece, sin más, un proceso correcto. Revisemos primero los
supuestos del antes citado procedimiento, para observar luego cuál
es la realidad de lo que de veras ocurre y comprender cómo
llega este a enviciarse para gran desgracia de toda posible política
de Estado.
Los supuestos del proceso: En primer lugar, la necesidad de reformar
o introducir normativas como apoyo a toda gestión de gobierno
es indiscutible, una herramienta indispensable y normal. Que cualquiera
de ellas debe ser realizada, aparte de la intención (voluntad
política), por una seria revisión y análisis
de los especialistas y conocedores del área parece algo indiscutible.
Aquí se adiciona como posibilidad aleatoria (a no ser que
el área en sí sea de esencia jurídica) el aporte
del área legal (departamento, asesoría o como se llame
la oficina jurídica en c./caso) en la revisión de
los aspectos puramente técnicos legales y su relación
con otras normativas que se pudieran dar en la que precisamente
se está por modificar o crear. El paso último, el
que otro grupo jurídico lo vuelva a revisar no sería
sino eso, un nuevo vistazo, acaso con criterios diferentes, pero
que siempre se debieran enfocar en una visión fundamentalmente
jurídica de la normativa. Otra cosa es lógicamente
inconcebible. Es aberrante y abusivo que no fuera esto así.
Cómo ocurre el vicio del proceso: Pues que lo inconcebible
ocurre: los abogados opinan, cambian, deciden sobre diplomacia,
seguridad de Estado, salud, policía, educación y todo
lo que les cae en mano. Ni son todos, ni lo hacen, los que lo hacen,
con intenciones aviesas o de puros metidos, es una situación
que ha ido gravitando casi sin querer, pero que se da y es dañina.
Así, muchos hemos tenido ocasión de ver y sufrir que
materias harto especializadas, de enjundia política en unos
casos, delicadas diplomáticamente en otros, técnicas
de a de veras en otros más, son arrasadas materialmente por
abogados (acaso muy respetables en su profesión) que desconocen
de las mismas, sin que por ello se ruboricen un ápice de
tratar, discutir y modificar aspectos esenciales y alejados
de lo puramente legal de sus contenidos. Y hay más:
algunos todavía suponen que la normativa (la que sea) les
corresponde fundamentalmente a ellos y no a los médicos,
diplomáticos, conocedores en particular, cuando estos son
los que conocen, necesitan y promueven que se normen (que se cree
derecho) determinadas conductas que establecerán un hacer
o no hacer; el papel legal es de apoyo y de forma (¡bueno,
necesario, bravo!) pero nunca debiera ser el de llevar la batuta
en la elaboración misma, en el fondo.
Lo más grave de todo: Cuando vienen normativas internacionales,
ya sea de organismos, de ONG con influencias, o por vías
bilaterales... únicamente se pasan a revisión de los
jurídicos y go ahead o sea, va la
pelota SIN que se consulten las instancias más
importantes en c./caso: los conocedores, los funcionarios, los especialistas.
Que den SUS puntos de vista, sus réplicas, que sugieran algún
cambio a veces, una palabra es de una importancia hasta histórica
de redacción, que alerten al menos al gobierno en su expresión
superior sobre las implicaciones que se pudieran derivar de adoptar
así como viene tal documento. Mucho más
allá de la siempre necesaria e importante asesoría
legal. Todos podríamos ganar si se atiende esta importantísima
falla lo antes posible. ¡Echemos manos a la obra y pongamos
esto en orden!
* Lic. en Ciencias Políticas
y Columnista de El Diario de Hoy.
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