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Analizando
De pequeños basureros brotan grandes epidemias
Armando Rivera Bolaños*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Hace un tiempo transmitían un spot en TV en
el cual aparecía una persona descuidada que arrojaba un papel
a la calle. El papel arrastrado por la brisa por fin se detenía
en la cuneta. Más tarde, otras personas, tan faltas de educación
higiénica como la primera, al mirar aquel papel también
tiraban basuras... hasta convertir el sitio en un basurero dañino
a la salud.
Algo similar ocurrió hace poco en la calle principal de mi
colonia, en la vecina ciudad de Cuscatancingo. Unos trabajadores
municipales, sin motivo aparente, destaparon un desagüe y lo
dejaron así. Alguien tiró una bolsa con basura y otros
lo imitaron. El desagüe hoy es un basurero, el cual con las
aguas lluvias y negras que allí desembocan, se ha vuelto
un criadero de moscas y zancudos. Acudí a la alcaldía,
a la unidad de Salud local, Ministerio de Medio Ambiente y a mis
vecinos... ¡todo para nada!
En reciente editorial de EL DIARIO DE HOY leía sobre la necesidad
urgente de impulsar medidas preventivas, para evitar que surjan
epidemias mortales en nuestro país. Con evidente sabiduría
y acierto, el editorialista argumentaba que resultaría mucho
más económico y efectivo prevenir los males que gastar
millones de dólares en medicamentos, hospitalizaciones y
campañas de fumigación. Incluso, recalcaba el papel
de la escuela como fundamental para formar en la sociedad, desde
la edad infantil, hábitos eficaces de higiene, fáciles
de realizar en forma cotidiana, aunado a una permanente educación
en salud comunitaria, campañas de vacunación y desparasitación,
desecar barrancas y pantanos, eliminar malezas, etc.
Y así como hablamos de prevención en el área
de la salud, también debemos referirnos a medidas profilácticas
en el campo de la conducta humana. El alarmante brote de la delincuencia
juvenil, para el caso, es un grave síntoma de la descomposición
moral que afecta y erosiona los cimientos del hogar, la escuela
y la sociedad en sí. En una oportunidad advertimos, en este
mismo matutino, la inconveniencia de extender la minoridad legal
hasta los dieciocho años y no fue porque creíamos
en la bondad del sistema penitenciario que muchas veces deviene
en severo deformador del interno, sino porque siendo un país
con problemas conductuales que emergían de una larga y cruel
guerra fratricida y sus secuelas, debía considerarse a un
individuo delincuente, de los dieciséis años de edad
en adelante, como sujeto de instrucción criminal con la ley
penal para adultos, porque ello hubiera sido un freno para las pandillas
juveniles que se formaban con rapidez a lo largo y ancho del territorio
nacional. Era un llamado preventivo que nunca se escuchó...
¡hasta que el mal ha crecido como hiedra!
No obstante, debemos afrontar sus causas u orígenes. Veamos
el gran descuido que existe para tratar esos focos de infección
moral que atentan contra la niñez y la juventud: Películas
fomentadoras de odio y violencia; canciones obscenas que incitan
al libertinaje sexual e irrespeto de las normas; violencia intrafamiliar;
auge de la prostitución y la pornografía; abandono
de la moral y el civismo en el sistema educativo; carencia de orientación
psicopedagógica en los planteles cismáticos; uso y
abuso de drogas, armas y automóviles en jóvenes y
adolescentes; falta de centros de aprendizaje laboral o artístico;
grave desintegración familiar, etc.
El Estado y la sociedad deben prestar un poco más de atención
a estos aspectos y comprender que necesitamos de más educación,
de una escuela que forme hábitos higiénicos y estimule
la sólida formación de valores éticos morales
y estéticos; un país con canchas deportivas, lugares
de sana recreación y talleres de aprendices; una patria donde
se premie el amor y la responsabilidad paternal; hogares donde no
falte el pan del saber junto al pan de trigo. Un país limpio
de toda clase de contaminaciones; queremos un El Salvador plenamente
democrático, donde el periódico y el libro cumplan
a diario su misión orientadora y refuercen nuestro pensar
filosófico, occidental y cristiano, para un pueblo cien por
ciento alfabeto.
Ya lo decía el educador y estadista argentino don Domingo
Faustino Sarmiento: Por una escuela que se abre, diez cárceles
se cierran y el maestro mejicano, don José Vasconcelos
afirmaba: El desarrollo de los pueblos llegará hasta
donde llegue la educación. Es hora de iniciar esa gran
prevención integral para evitar las enfermedades corporales
y los males de la sociedad, porque de pequeños basureros
brotan grandes epidemias, y de un solo individuo desorientado se
forman las pandillas criminales, o los gobiernos despóticos
y totalitarios.
* Psicólogo y Lic. en CC. Jurídicas.
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