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Comentando
Marketing
político contra abstencionismo
María José Bendaña
Editorial
editorial@elsalvador.com
El
trabajo fundamental de un político es perseverar en sus esfuerzos,
preparar el camino para realizar los objetivos que el pueblo no
puede conseguir por si mismo
Para muchos, el fenómeno del abstencionismo se da, entre
otras cosas, por el desencanto y decepción que experimentan
sectores de la población en relación con los partidos
políticos.
El abstencionismo es un indicador de la participación, y
muestra el porcentaje de los no votantes sobre el total de los que
tienen derecho de voto.
Por eso, los partidos políticos, en las elecciones del 2003,
deberían hacer un marketing político, o bien dicho
en nuestro idioma, una comunicación política que conquiste
a ese gran número de personas que han perdido la fe y que
ven desierto el panorama político.
Los partidos políticos, al escoger a sus candidatos, se deberán
hacer el propósito de hablar de sus propios proyectos y olvidarse
de hablar del opositor; tienen que tener presente que los recursos
siempre son escasos en una campaña y hay que aprovecharlos
al máximo para proyectar al ciudadano la idea de que la pugna
es saludable.
Si bien para posicionar a un candidato en la preferencia electoral
y garantizar la aceptación del desempeño de su gobierno
los medios de comunicación son su mejor aliado, estos medios
deberían ser para transmitir la esencia de su mensaje político
y no una herramienta para agredir a sus contrincantes.
El Diccionario del Centro de Asesoría y Promoción
electoral (CAPEL), en su última edición, cita que
en la actualidad los partidos son definidos en el marco del funcionamiento
de los sistemas políticos. Prácticamente, no existen
definiciones globales de ellos, sino conceptualizaciones referidas
a problemas acotados (representación, articulación
de intereses, legitimidad, ideologías, etc.).
Otros autores son más puntuales y opinan que los partidos
políticos son sólo grupos pacíficos de adversarios
que creen que sus intereses y principios se defienden en uno u otro
partido, por lo que la estirpe de enemigos cambia al de opositor
de ideas.
Lo cierto es que la política y los partidos políticos
en nuestro país no son malos, es la forma de hacer política
la que no está bien. La política está presente
en todas las referencias y conexiones humanas.
Cuando un niño aprende que sonriendo o llorando para sus
padres recibirá atención y sus deseos serán
atendidos, ya está haciendo política.
Tenemos que cambiar la idea de que, para un político, el
único objetivo es lograr el triunfo electoral; debemos buscar
cómo mejorar la cultura política e incrementar la
participación ciudadana.
Criticar a los líderes políticos, al final, no beneficia
en nada, porque en las mentes de los votantes sólo está
la preocupación de cómo solucionar el hambre, la salud,
la vivienda y el empleo.
El trabajo fundamental de un político es perseverar en sus
esfuerzos, preparar el camino para realizar los objetivos que el
pueblo no puede conseguir por si mismo.
Lo que el país exige en estos momentos son personas que tengan
un discurso bien sustentado, acompañado de acciones que sean
capaces de comunicar y motivar al ciudadano para que no se quede
en casa lamentando su destino.
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