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Breve
análisis
Los
enemigos de la juventud
Luis Fernández Cuervo*
Editorial
El Diario de Hoy
lfcuervo@tutopia.com
Es
mucho peor la contaminación del ambiente moral que nos rodea,
que la del aire físico que respiramos
Leo, con tristeza, los recientes asesinatos de estudiantes a manos
de otros estudiantes. Y enseguida contemplo cómo el debate
consiste en tirarse la papa caliente entre el gobierno,
los partidos políticos, los educadores, la policía,
los padres, los medios de comunicación, etc. Creo que el
diagnóstico de dónde radica el mal no es difícil.
Lo difícil es cómo combatirlo y mucho más,
cómo erradicarlo.
El problema es un problema ético. Y la Ética, como
ciencia y actividad humana, está por encima de la alta matemática,
ingeniería y biología más de vanguardia ,y
es mucho más importante para el logro del ser humano que
el deporte, la técnica o la economía. Pero el ser
humano es así. Ha inventado la música de cámara,
pero también la cámara de gas. Del átomo puede
sacar energía para iluminar o para achicharrar a millones
de sus semejantes. Es cuestión de elegir, pero no da lo mismo
lo que se elija.
Creo que todos estamos de acuerdo, al menos en teoría, en
que el primero y más importante punto negativo para fabricar
jóvenes violentos está en los males de nuestra estructura
familiar. El divorcio, por muy aceptado que esté en nuestra
sociedad, es y será siempre un mal que psicológicamente
daña en forma fundamental a los hijos. Matrimonios estables
son los menos; hogares destruidos o incompletos, los más.
Padres que asuman con generosidad, esfuerzo y sacrificio el papel
imprescindible de formar y educar a sus hijos en virtudes morales,
pocos. Y los hijos -para bien o para mal- aprenden de sus padres
-cuando conviven con ellos- lo que les ven hacer, mucho más
que lo que les oyen decir. De hogares deshechos o de padres consentidores
-pésimo es que alguien se críe haciendo lo que le
da la gana-, salen la mayoría de los adolescentes con problemas
de conducta.
El segundo obstáculo está en la escuela y en la universidad.
Si el joven que llega a ellas viene con una personalidad fuerte
y bien formada en virtudes positivas, podrá capear los malos
ejemplos que reciba de compañeros y/o profesores. ¿Pero
qué valores morales se aprenden en nuestros medios educativos?
Ahí hay una variedad muy diversa de elementos positivos o
negativos, según los diversos centros docentes. He ahí
un reto para el Ministerio de Educación y para todos y cada
uno de los que nos dedicamos a la docencia. De todas formas hay
que señalar la insuficiencia de las enseñanzas humanísticas.
La mayoría de los que llegan a la universidad no tienen una
idea clara de lo que es un ser humano, de dónde radica el
valor de la libertad; no han estudiado ni ética, ni antropología
filosófica, ni historia universal, ni saben a qué
cultura pertenecen. Problema peliagudo, pues no sé qué
es peor, si que no sepan nada o que les hayan enseñado que
son sólo el más inteligente de los animales o un conjunto
de órganos e instintos, que el fin de la vida está
en el placer, que la historia universal se explica por la lucha
de clases o por el triunfo de las revoluciones y que el progreso
de la ciencia y de la técnica solucionará todos los
problemas humanos en un futuro próximo. ¿Qué
es peor? ¿La ignorancia supina o la seudocultura de los dogmas
de la Ilustración, del freudismo o del marxismo impenitentes?
El tercer obstáculo es el ambiente. Es mucho peor la contaminación
del ambiente moral que nos rodea, que la del aire físico
que respiramos. ¿Qué modelos personales y qué
conductas morales se les muestran con más insistencia a los
jóvenes en el cine, TV y en las canciones y conjuntos musicales?
¿Acaso no se presenta con insistencia como el camino más
corto para la felicidad el rehuir el esfuerzo, el sacrificio y el
trabajo duro? Las metas ideales aparecen identificadas con el dinero
fácil, la autorrealización egoísta, mucho sexo
sin responsabilidades morales ni familiares y el mayor número
posible de lujos y caprichos satisfechos cómodamente.
Sólo unos jóvenes educados desde pequeños en
los principios morales del Decálogo y ejercitados diariamente
en el robustecimiento de la propia voluntad, en el esfuerzo, en
la disciplina y el cumplimiento del deber, en la sinceridad y la
lealtad, en el estudio y en el espíritu de servicio a los
demás, son capaces de vivir a contra corriente y no ser contaminados
por ese ambiente adverso.
No terminan ahí los obs- táculos. De los países
desarrollados y de la copiosa ayuda internacional -léase
varios departamentos de la ONU y muchas ONG-, deberíamos
recibir estímulos éticos, y en cambio recibimos, con
fuertes respaldos monetarios y presiones políticas, ayuda
para la pérdida de los valores religiosos y éticos,
para facilitar la manipulación de las masas, disfrazadas
con bellas palabras de libertad -léase irresponsabilidad-,
derechos del niño o del adolescente -léase
fornicación-, sexo seguro -léase condón
y píldoras anticonceptivas-, salud reproductiva
-léase aborto-, igualdad de género -léase
lesbianismo, orgullo gay, travestismo y otras patologías
sexuales-. Cuanto más ignorantes y sinvergüenzas seamos,
mejor para ellos, porque así seremos más fáciles
de manejar.
Pero debo señalar que, a pesar de todos esos inconvenientes
y factores negativos, contra lo que pudiera parecer, la violencia
y los delitos entre estudiantes han disminuido en muchos sitios
con respecto a años anteriores. Eso demuestra que también
hay gente que trabaja bien y para el bien. Y que la naturaleza humana,
aunque padece de vértigo moral y le atraen los abismos, tiene
también esa chispa divina que le impele a volar y amar las
alturas, mientras no le corten las alas o le cieguen.
*Médico y columnista
de El Diario de Hoy.
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