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Rizos y enredos de juventud
Para dejar de matar

Por Keneth Menjívar
Editorial
El Diario de Hoy
kenethmenjivar@hotmail.com

Cambian los libros por las armas y los lápices por balas. Todos se preguntan: ¿Por qué lo hacen? ¿por qué se matan entre si? las respuestas le echan la culpa a la desintegración familiar, a la difusión de actos de violencia, a la falta de valores, etc.

Sin embargo, aunque todo lo anterior, indudablemente, tiene algo de culpa, el meollo del asunto está en que el corazón de cada ser humano está contaminado con una mortal enfermedad que se manifiesta con síntomas de odio.

Estragos del rencor

El odio es tan viejo como la raza humana. El libro de Génesis narra, en el capítulo cuatro, el primer asesinato en la historia del ser humano, que no precisamente fue entre pandillas rivales o entre naciones enemigas, sino que sucedió entre hermanos de sangre: Caín, movido por la envidia y dando rienda suelta a su odio, decidió poner fin a la vida de su hermano Abel. Las primeras manifestaciones de la mortal enfermedad llamada pecado estaban comenzando a causar estragos.
Dichos estragos llegan hasta nuestros días manifestados de diferentes maneras, una de ellas, la cultura de violencia en la que vivimos.

Eliminar el odio

En una ocasión, mientras Jesús --el Maestro de Maestros--, daba cátedra sobre el tópico violencia, manifestó: “Ustedes han oído que se dijo: ‘No mates, y todo el que mate quedará sujeto al juicio del tribunal.’ Pero Yo les dijo que todo el que se enoje con su hermano quedará sujeto al juicio del tribunal”. (Mateo 5:21-22) Para el Dios encarnado, odiar es igual a matar. No hay diferencia alguna.

No sólo los estudiantes envueltos en la ola de asesinatos necesitan castigo y corrección, sino todos aquellos que guardamos odio contra algún familiar, amigos, o desconocidos.
Por eso, Dios mandó a Jesús a morir por nuestros pecados en la cruz, resucitándole al tercer día para que en El pudiéramos encontrar perdón y cura a nuestra mortal enfermedad.
Amigo lector, te invito a aceptar ese maravilloso regalo y a ser parte de una nueva generación de salvadoreños, que desechan el pecado junto con su aliado “odio” de sus vidas y ¡aman a su prójimo en verdad!

 

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