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Evangelio
para domingo:
San Mateo 13, 1-23
Escuchen la Palabra y den frutos
Verónica
Rodríguez, de 16 años, representó a El Salvador
en la primera reunión mundial de jóvenes que se celebró
en abril en La Haya, Holanda, en el marco de la Sexta Convención
sobre Diversidad Biológica.
Ese día salió Jesús de casa y fue a sentarse
a orillas del lago. Pero la gente vino a Él en tal cantidad
que subió a una barca y se sentó en ella, mientras
toda la gente se quedó en la orilla. Jesús les habló
de muchas cosas, usando comparaciones o parábolas.
Les decía: El sembrador salió a sembrar. Y mientras
sembraba, unos granos cayeron a lo largo del camino: vinieron las
aves y se los comieron. Otros cayeron en terreno pedregoso, con
muy poca tierra, y brotaron en seguida, pues no había profundidad.
Pero apenas salió el sol, los quemó y, por falta de
raíces, se secaron. Otros cayeron en medio de cardos; éstos
crecieron y los ahogaron. Otros granos, finalmente, cayeron en buena
tierra y produjeron cosecha, unos el ciento, otros el sesenta y
otros el treinta por uno. El que tenga oídos, que escuche.
Los discípulos se acercaron y preguntaron a Jesús:
¿Por qué les hablas en parábolas?.
Jesús les respondió: A ustedes se les ha concedido
conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no.
Porque al que tiene se le dará más y tendrá
en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo
que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran y
no ven, oyen pero no escuchan ni entienden.
En ellos se verifica la profecía de Isaías: Por más
que oigan no entenderán, y por más que miren no verán.
Este es un pueblo de conciencia endurecida. Sus oídos no
saben escuchar, sus ojos están cerrados. No quieren ver con
sus ojos, ni oír con sus oídos y comprender con su
corazón... Pero con eso habría conversión y
yo lo sanaría.
¡Dichosos los ojos de ustedes, que ven! ¡Dichosos los
oídos de ustedes, que oyen! Yo se los digo: muchos profetas
y muchas personas santas ansiaron ver lo que ustedes están
viendo, y no lo vieron; desearon oír lo que ustedes están
oyendo, y no lo oyeron.
Escuchen ahora la parábola del sembrador: Cuando uno oye
la palabra del Reino y no la interioriza, viene el maligno y le
arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Ahí tienen
lo que cayó a lo largo del camino.
La semilla que cayó en terreno pedregoso es aquel que oye
la Palabra y en seguida la recibe con alegría. En él,
sin embargo, no hay raíces, y no dura más de una temporada.
Apenas sobreviene alguna contrariedad o persecución por causa
de la Palabra, inmediatamente se viene abajo.
La semilla que cayó entre cardos es aquel que oye la Palabra,
pero luego las preocupaciones de esta vida y los encantos de las
riquezas ahogan esta palabra, y al final no produce fruto.
La semilla que cayó en tierra buena es aquel que oye la Palabra
y la comprende. Este ciertamente dará fruto y producirá
cien, sesenta y treinta veces más.
Comentario
Jesús: sembrador de la Palabra
Una vez salió un sembrador...
Se puede afirmar que el capítulo 13 es el punto central del
Evangelio de Mateo cuyo fin es capacitar a personas sabias, darles
una sabiduría profunda. Y es que el corazón del mensaje
de Jesús es el Reino y las parábolas son un medio
privilegiado para hacer conocer su significado.
En la parábola del sembrador que Jesús expone a la
multitud se nota esta intención: No se trata de una enseñanza
misteriosa, se dirige a todos. Pero para acceder a ella se requieren
ciertas condiciones.
¡El secreto de las parábolas es el secreto de la actividad
de Jesús!
El que tenga oídos...
Su predicación no es aceptada por los duros de corazón.
Es decir, aquellos que hablan de una manera y actúan de otra.
El peor y más sutil rechazo del Reino es pretender aceptarlo,
pero negarlo con nuestro comportamiento.
¿Por qué hablas en parábolas?
Jesús explica a los discípulos por qué el Reino
no es anunciado en forma deslumbrante. La parábola es explicada
en la parte final de este pasaje. La razón es sencilla: los
destinatarios son los discípulos, o sea aquellos que acogen
a Jesús y al Reino; las personas sencillas a las que Dios
ha revelado el misterio del Reino...
Y nosotros...
Tenemos la tarea actual de volvernos tierra buena en donde la semilla
de la Palabra de Dios que sigue esparciendo Jesús por numerosos
medios pueda producir frutos ya sea de cien, ya sesenta, ya
treinta por uno.
¡Qué hermosa tarea!
P. Sixto Alfonso Flores, Sdb
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