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El Salvador en perspectiva
Pobreza: problema universal

Mario Rosenthal*
Editorial
El Diario de Hoy
mrelsalv@cyt.net

Nuestra situación y la del mundo nos ha motivado estudiar la evolución de la economía, remontándonos a las sociedades más antiguas

(Quinta parte)

La pobreza es el mayor obstáculo para el progreso y el crecimiento económico de un país, según las más autorizadas instituciones mundiales, incluyendo el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que gasta cientos de millones de dólares en monitorear el problema internacionalmente y publicar un informe todos los años, en el que califica a las naciones por su incidencia de pobreza e índice porcentual de crecimiento.
Lo que recomiendan los economistas de los bancos internacionales de desarrollo, con el Banco Mundial a la cabeza, es que para eliminar la pobreza se debe promover el progreso y el crecimiento y, por eso, se prestan o donan billones de dólares al año a las naciones subdesarrolladas, que tienen los índices más elevados de pobreza, para ayudarlas crecer y progresar.

Desafortunadamente, esto no ha reducido el índice de pobreza y, en algunos casos, hasta lo ha aumentado. Después de inyecciones de billones de dólares, el ingreso per cápita, ajustado, ha bajado, es decir que no se sabe a ciencia cierta si la falta de crecimiento económico es la causa de la pobreza o si la pobreza es la causa de la falta de crecimiento.

Sea como sea, es muy notable que los salvadoreños están investigando enérgicamente por todos lados la manera de incrementar el crecimiento económico, y hasta han pensado en revivir la agroindustria del añil y hacer los ingenios de azúcar generadores y distribuidores de energía eléctrica, usando el bagazo de la caña como combustible.

Nuestra situación y la del mundo nos ha motivado estudiar la evolución de la economía, remontándonos a las sociedades más antiguas. Posiblemente podamos determinar por qué, en medida en que han avanzado las ciencias y el hombre ha extendido su dominio sobre la naturaleza, la pobreza en vez de disminuir ha aumentado, y cuando llegamos a la actualidad, encontramos que la hambruna amenaza, no por malas cosechas ni por otros desastres naturales, sino por economías mal dirigidas en países con tantos recursos como Argentina y Brasil.
En nuestra búsqueda de la causa de la pobreza en la historia del desarrollo de la política económica, encontramos que hasta el comienzo de la edad industrial, la suerte de las masas poco o nada les importaba a los mandatarios.

En nuestra opinión, dos obras son representativas (aunque no son las únicas) del pensamiento social durante el primer milenio y medio de la Era Cristiana. Haciendo a un lado la enorme contribución artística y cultural del Renacimiento, diríamos que “La Ciudad de Dios”, de San Agustín (354-430), que asentó las bases para que los feudos y siervos se resignaran a su condición de esclavos, y la “Summa Theológica”, de Santo Tomás de Aquino (1225-1274), que organizó el pensamiento social cristiano, reconciliándolo con los conceptos del primer científico, Aristóteles, son las obras que resumen la sabiduría humana y divina de esa época.

Varios hechos históricos a partir del siglo XV cambiaron para siempre la estructura económica de Occidente y, eventualmente, de todo el mundo: la expansión de los límites del mundo con los viajes y la colonización de las tierras descubiertas; la revolución teológica de la Reforma de la Iglesia, que cambió el balance del poder político europeo, y, por último, lo que suplantó la tierra como la medida de riqueza y fuente de poder, la institucionalización del DINERO.

Los hombres han usado muchos medios para comprar y vender. Hace 2,000 años se usaban monedas de oro y plata; hay varias teorías de cómo el papel las sustituyó en las transacciones grandes. Una es que cambiadores guardaban las monedas de los comerciantes en sus cajas fuertes y las entregaban contra órdenes escritas, y otra es que para evadir la prohibición de la Iglesia de cobrar intereses (usura), los comerciantes emitían letras de cambio que incluían los intereses. Estas prácticas fueron el origen de los primeros bancos y el primer medio para medir la pobreza. (Continuará).

*Escritor y periodista. Columnista de El Diario de Hoy.

 

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