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Una crítica y una carcajada
Cuando uno se da cuenta de las animaladas que cometen algunos
funcionarios, siente cólera porque se aprovechan de su cargo
y porque, al final de cuentas, el dinero de nuestros impuestos se
desperdicia en satisfacer los egos o las tacañerías
de algunos servidores públicos.
Escenarios
El Diario de Hoy
escenarios@elsalvador.com
Me
refiero al patético caso del diputado Gamero, que empleaba
a un miembro de su seguridad (pagado por la PNC) para que le cuidara
un terreno de su propiedad.
¿Acaso los más de 40 mil colones que gana al mes no
le resultan suficientes para contratar a quien le vigile sus propiedades?
Con ese salario yo no sólo pagaría un vigilante, sino
que además me compraría un buen par de perros de pelea
y hasta pondría alambre razor alrededor de toda la cuadra
donde está mi casita.
Y ese caso no es el único. Tengo entendido que varios legisladores
también ocupan a sus guardaespaldas para hacer otro tipo
de trabajos.
Coincido con mi compañera de labores, Roxana Huezo, en el
hecho que quien nada debe, nada teme.
Por eso siento ahora mi posición: Estoy en total desacuerdo
con que los diputados tengan guardaespaldas. Ellos se deben al pueblo,
al cual no deben considerar su enemigo.
Lo más triste de la historia es que muchas personas que ya
no ostentan los cargos públicos aún siguen con sus
guaruras asignados.
Cuando se destapan estas prácticas, uno se pregunta: ¿que
no hay alguien que pueda controlar esto; que vigile y evite que
sucedan estas cosas?
Parece que no. Otra cosa: si bien es patética la práctica
de Gamero, resulta mucho más insulsa y escasa de neuronas
la defensa que le hizo el presidente legislativo.
Cuando vi las declaraciones que Cruz Zepeda dio ante los medios,
estuve a punto de echarme una carcajada. Me pareció tan burdo
que dijera que ahora, gracias a las publicaciones, se había
desbaratado el sistema de seguridad del susodicho diputado.
Todavía hay personas que se creen capaces de tapar el sol
con un dedo.
Pero aprovecho la ocasión para, aquí, en público,
reírme -a lengua batiente- de la paupérrima defensa
a las acciones de Gamero.
Creo que los gobernantes (Primer Órgano del Estado) de este
país ya deben ir cambiando las actitudes.
Deben entender, de una vez por todas, que a los cargos se llega
a servir, no a servirse. De otra forma, en los puestos público
siempre tendremos parásitos. Sanguijuelas que sólo
viven para aprovecharse de las arcas estatales, los contubernios
y los tráficos de influencias.
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