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A tu espíritu indomable
Esta columna la escribí hace una semana. Me pareció
demasiado triste y la guardé inconclusa.
Sarah Currlin
E-mail: scurrlin@elsalvador.com
Un
par de horas después, me enteré que la persona a quien
iba dedicada había fallecido. Luchó 34 años
contra el cáncer. Ahora descansa.
Estás pasando por un momento amargo y duro, de esos que ya
has conocido y vencido, de esos que aún no logran doblegar
tu luz interna, ese brillo que ciega a los que se creen más
débiles, a los que no se reconocen capaces de enfrentar una
vida dura, a los que no han imaginado siquiera cargar tu cruz.
Nunca he sabido qué es que te ronde la muerte, saber que
llevas por dentro al enemigo que trata de vencerte cada minuto.
Ése que te engaña con una tregua, pero vuelve implacable,
a pesar de ciencia, de oraciones, de los malditos pero benditos
medicamentos.
Comprendo que seguramente estás cansada de la lucha, que
ya pusiste todo de ti para vencer a ese cáncer, para sacar
adelante vida, hogar, hijos, esposo, tiempos felices y duros, todos
afrontados con el mismo entusiasmo.
Tal vez estás ya cansada de saber que tu espíritu
indomable está atrapado dentro de un cuerpo aún más
fuerte que tú misma. Y quizá ya no sepas si dejar
de luchar.
He adivinado tu dolor, aunque todo el tiempo lo único que
has mostrado es tu dignidad. Firme, impenetrable, admirable.
Quizá he visto todo de lejos, demasiado de lejos, demasiado
en silencio. Pero creo conocer la fuerza de esa fe tuya, la fuerza
de quienes parecen recibir las pruebas más duras porque quizá
sean los únicos que logren soportarlas.
Creo que es fuerza de mujer. La he conocido desde niña en
mi madre. Creo que es espíritu de mujer. Es espíritu
de mujer el que alcanza a sonreír, a reír a carcajadas
cuando la angustia está dibujada en la cara de todos, cuando
la tormenta ha doblado hasta a los árboles más robustos.
Es fuerza de mujer la que se olvida de sí misma para abrigar
a los suyos, así tenga llagado el corazón. Y tú
tienes aún más de esa fuerza, aún más
de esa garra, aún más que muchas personas, eso te
hace especial.
Esa fuerza sigue contigo, aunque estés cansada; cansada,
mas no vencida.
Ahora, en esa cama, deseo que esa fuerza te levante. Deseo que...
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