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Rabia

San Miguel.- Mató a su perro después de que este lo mordió. El niño ignoraba que el animal tenía un virus letal

Rosa Fuentes
El Diario de Hoy
elpais@elsalvador.com

Ilustración EDH

En un ataúd sellado lo enterraron el domingo 12 de mayo de 2002. Era un niño de 13 años. Murió de rabia la mañana del día anterior mientras era atendido en el Hospital Nacional San Juan de Dios, en San Miguel. Nadie imaginó que un inocente juego acabaría con la vida de Josué Edenilson.

Fue un obsequio. El cachorro de perro fue bien acogido en el seno de la familia Guevara Espinoza. Josué era su amo y gustaba de jugar con el animal en su tiempo libre. Sus hermanas también lo querían.
Poco tiempo transcurrió desde la llegada de la mascota y el cambió de actitud que sufrió el can. Familiares del niño recuerdan que “en un abrir y cerrar de ojos” el cachorro se volvió agresivo y fácilmente irritable.
Josué persistía con sus juegos hasta el día en que el perro lo atacó y mordió. Tres parientes del menor también fueron mordidos.

Confundido y preocupado, el niño tomó una determinación. Decidió matar al perrito. Un día después del ataque sufrido, Josué lo ahorcó. Ignoraba que su mascota sufría la rabia y que, al matarlo, cometía un gran error.

Cuatro días

Transcurrieron 60 días antes de que la familia Guevara Espinoza notara cambios de actitud en Josué Edenilson.

Luego, la fiebre se hizo presente. Pese a los quebrantos de salud que el menor padecía, a nadie se le cruzó por la mente que el niño podía padecer una enfermedad grave.
La última vez que asistió a clases fue el 8 de mayo. Era miércoles. La familia pensó que Josué sufría de una gripe y se limitó a observarlo.

Lea además

 

Incertidumbre atormenta al Octavo Grado

Los maestros en el Centro Escolar La Confianza se extrañaron de la actitud de Josué. Era un alumno ejemplar. Rosa Karina Castillo, alumna del Octavo Grado y compañera del menor, recuerda que ese miércoles, Edenilson se mostró muy agresivo con todo el grado. “A unos los agarró a patadas en el aula”, recalcó.
Josué pasó una jornada difícil. Evitaba la luz, buscaba los rincones más oscuros y pasó agachado sobre el pupitre todo el tiempo. Algunos de los niños tuvieron miedo; no entendían que pasaba. “Se quejó de dolor en la columna y en la cabeza... tenía fiebre”, agregó.

De regreso a casa, los parientes del menor notaron que la fiebre persistía. Entonces, lo llevaron al Hospital San Juan de Dios, donde tras practicarle una serie de exámenes le dieron el alta. El diagnóstico fue incierto.
La madrugada del viernes, el estado anímico de Josué se agudizó. Las fiebres aumentaron, la garganta se le bloqueó y la agresividad se intensificó.

La familia regresó al centro hospitalario, donde murió la mañana del sábado. Fue hasta los últimos momentos del pequeño que los médicos identificaron los síntomas de la rabia: temor al agua, a la luz y al aire.
La marcha fúnebre lució desolada. Sólo ocho de los 875 alumnos del centro escolar acompañaron a los dolientes hasta el cementerio. La gente en La Confianza teme una epidemia.

Tras confirmar la enfermedad en el niño, los tres parientes de Josué que también fueron mordidos por el cachorro recibieron tratamiento antirrábico. Por hoy están bajo observación.
Asimismo, cuatro compañeros del menor están bajo vigilancia médica, debido a que bebieron agua del mismo recipiente en que lo hizo Josué. Sólo dos fueron vacunados. A los otros se les informó de que no necesitaban la aplicación, porque carecían de lesiones en la cavidad bucal.

La Unidad de Salud a cargo de este caso es la de El Zamorano, en San Miguel. Allí, el Dr. Rómulo Vides explicó que la aplicación de una vacuna antirrábica descansa en la existencia de una serie de factores clínicos y epidemiológicos. Si el paciente no la requiere es mejor evitar los riesgos que implica la aplicación. La vacuna incrementa los niveles de mielina en el sistema nervioso; si es innecesaria, puede provocar parálisis.
El galeno descartó la posibilidad de una epidemia en la colonia La Confianza. Explicó que horas después de conocer el diagnóstico de Josué, Salud Pública realizó una vacunación relámpago de caninos y felinos en la zona. “La población respondió...”, expresó.

La medicina preventiva es de lo único que se puede hacer uso para combatir la rabia. Es importante que las personas con mascotas sean responsables de aplicarles sus vacunas desde pequeños.
Asimismo, si alguien sufre el ataque de mamíferos como perros, gatos o murciélagos es vital que acuda a recibir tratamiento médico. Nunca hay que matar un animal sospechoso de sufrir rabia.


El descubrimiento de Pasteur

- El químico y biólogo francés, Luis Pasteur, distinguió dos tipos de virus rábico: el natural o calle y el fijo o de laboratorio.
- El virus de calle se aísla de animales infectados de forma natural en las áreas urbanas (perros y gatos) o en las rurales (zorros, zorrillos, mangostas, lobos o vampiros).
- Los fijos se obtienen en laboratorios.
- En El Salvador, se presume que la rabia silvestre o rural no existe, debido a que la mayoría de casos registrados se dan en el área urbana.

 

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