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Aniversario
Sarbelio
Navarrete
Rómulo L. Leal*
Editorial
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
En
el siglo pasado emergieron figuras en los campos yermos de la cultura
de nuestra Patria, figuras que se elevaron como escritores, juristas,
pensadores y filósofos, que ampliaron nuestro hacer intelectual
a límites insospechados.
Ahora Gavidia y Masferrer son figuras legendarias. Lamentablemente,
sólo son conocidas por las clases cultas de la Patria. No
podemos seguir adelante sin encontrarnos con la figura de Sarbelio
Navarrete, hombre de leyes en el más alto sentido de la expresión,
escritor insigne que abrevó en el griego y el latín
clásico del Derecho Romano y en el griego de Homero.
Su cuna, San Vicente, siente legítimo orgullo y lo cuenta
entre sus varones más ilustres.
Profunda satisfacción nos causó recibir la invitación
al acto académico que se celebrará en conmemoración
del quincuagésimo aniversario del fallecimiento del doctor
Sarbelio Navarrete, en la Facultad Multidisciplinaria Paracentral,
San Vicente, hoy, lunes 3 de junio, girada por la actual meritísima
rectora, María Isabel Rodríguez, a quien siempre hemos
admirado sin percibirlo ella.
Nuestra Alma Máter, vejada como ha sido en las últimas
décadas se reivindica, y bajo la actual orientación
volverá a ser su recinto lustroso marco cultural, como lo
fuera antaño, cuando un Mantovanni, un Agramonte y Pichardo,
un Jiménez de Asúa, un Couture, Recasens Sichez y
otros más vinieron a darnos magistrales conferencias en la
ya lejana década de los 40, en el paraninfo del caserón
de madera consumido por voraz incendio.
En 1937, por aclamación estudiantil fue electo el doctor
Navarrete rector de la Universidad. En 1939, por decreto de la Asamblea
martinista fue suprimida la autonomía de la Universidad e
inmediatamente presentó su renuncia y volvió a su
lar natal, San Vicente.
A la caída del general Maximiliano Hernández Martínez,
en 1944, por presión popular, la Asamblea eligió al
Dr. Miguel Tomás Molina como presidente de la honorable Corte
Suprema de Justicia y como designado a la Presidencia. El Dr. Sarbelio
Navarrete fue electo magistrado de la misma Corte y segundo designado
a la Presidencia de la República, siendo presidente el general
Andrés I. Menéndez, quien fuera designado de dedo
por Maximiliano Hernández Martínez en su huida a Guatemala,
cuando dejó el poder, después de la huelga de brazos
caídos de todo el pueblo, en mayo de 1944.
El 21 de octubre de 1944, el coronel Osmín Aguirre y Salinas,
mediante golpe militar destituye a Andrés I. Menéndez
y, como para conformar un nuevo gobierno era necesaria la renuncia
de los designados a la presidencia, al no encontrar al Dr. Miguel
Tomás Molina, fue una delegación a la Pensión
Centroamericana, media cuadra al norte del edificio de Comunicaciones,
donde se alojaba el doctor Navarrete, y presentándole un
escrito de renuncia ya hecho, le comunicaron por la fuerza que lo
firmara. Sarbelio Navarrete, justamente encolerizado, los sacó
a empellones de su habitación, y se cuenta que uno de los
militares lo amenazó con cortarle la mano. Tanto mejor, contestó
Sarbelio, así menos que podré firmar.
Entre sus obras recordamos las polémicas con su amigo Alberto
Masferrer sobre temas educacionales en 1928 y, en noviembre de 1930,
su polémica con Lardé y Larín sobre La
verdadera fecha de nuestra Independencia. En 1932 publica
Ante la estatua de Goethe, refutando conceptos filosóficos
de Ortega y Gasset, para en 1934 editar La universidad y la
cultura, divulgada en varias universidades latinoamericanas.
La impronta de su estatura intelectual la encontramos en su conferencia
Bajo el signo de Descartes, leída por él
mismo en el paraninfo de la vieja universidad en 1937, al conmemorarse
el centenario de la muerte de Descartes.
Que la obra del Dr. Sarbelio Navarrete no caiga como semilla en
suelo estéril y que las presentes generaciones la hagan fructificar
para bien de la Patria y de la posteridad.
* Dr. en Derecho.
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