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Tema
para reflexionar
El hombre y el cosmos
María Teresa de Jovel*
El Diario de Hoy
larajovel@uandes.cl
No
es el hombre sólo un ser consciente, sino un ser capaz de
tener conciencia de su conciencia. No sólo un pensador, sino
un pensador capaz de analizar y discernir su propio pensamiento
Se suele decir que el hombre es un maravilloso micro-cosmos
que refleja, como en un espejo, la totalidad del cosmos. En el hombre
se ven compendiados y representados el mundo de la materia y todas
las formas vivientes. Está en la cúspide de lo creado
y engloba y asume todos los niveles del ser y de vida inferiores.
Es la obra maestra del Creador de todo lo que existe. Es el único
creado a su imagen y semejanza.
Esta fue la introducción de una conferencia dictada en la
Universidad de los Andes, en Santiago de Chile, con el mismo nombre
de este artículo. No habría que describir la expectativa
que, con esas palabras, creó el conferencista. El ar- tículo
está basado en un resumen de los apuntes distribuidos en
dicha conferencia.
El hombre, con su capacidad abstractiva y su apertura a la totalidad,
no es sólo capaz de pensar, sino también capaz de
tener conciencia de su propio pensamiento. Por decirlo de alguna
manera, la conciencia y la inteligencia se repliegan sobre sí
mismas. Es lo propio de la reflexión, de la autoconciencia.
No es el hombre sólo un ser consciente, sino un ser capaz
de tener conciencia de su conciencia. No sólo un pensador,
sino un pensador capaz de analizar, contemplar y discernir su propio
pensamiento y darlo a conocer y a comprender a los demás.
Es alguien capaz de decir yo y de decir tú,
y de dirigir la conciencia de acuerdo con sus propios fines. Este
poder, la conciencia replegada sobre sí misma, abre posibilidades
ilimitadas de aprendizaje, investigación, exploración,
análisis, formulación y acumulación de conocimientos
propios y del entorno. Es la inteligencia del hombre, un ínfimo
destello de la inteligencia divina.
Le es posible observar y, en cierto modo, sentir cuando existe un
proceso de disminución de la conciencia. Incluso, de una
aparente desaparición de la autoconciencia y de la vida.
Pero está completamente fuera de sus posibilidades dar vida
a la materia inanimada, conciencia a la materia viva o, por último,
añadir el poder de autoconciencia a los seres conscientes.
Cada uno de los niveles anteriores es una amplia banda que admite
dentro de ella seres más o menos superiores. Puede que a
veces quede sujeto a discusión la determinación exacta
de dónde comienza la banda superior y termina la inferior.
Sin embargo, la existencia de los cuatro reinos no queda en entredicho
por el hecho de que ocasionalmente pueda discutirse dónde
acaba o comienza alguna frontera.
La física y la química se ocupan del nivel inferior,
el mineral. En este nivel conciencia y autoconciencia,
no existen. Por eso decir que la vida no es otra cosa que la propiedad
que poseen determinadas combinaciones de átomos, es como
decir que el Hamlet de Shakespeare no es más
que la propiedad que poseen ciertas combinaciones de letras. Sin
embargo, la versión española o francesa de la obra
poseen otra combinación de letras distinta.
Lo extraordinario de algunas ciencias modernas de la vida
es que apenas se ocupan de la vida como tal. Por el
contrario, dedican infinita atención al estudio y análisis
del cuerpo físico-químico que es solamente el portador
de la vida. Podría deberse a que la ciencia moderna carece
de métodos para explicar la vida como tal.
Se realiza una gran cantidad de estudios sobre la conducta de los
animales con intención de entender la naturaleza humana.
Pero esto es como estudiar física con la esperanza de aprender
algo sobre la vida. Dado que el hombre contiene los tres niveles
inferiores del ser, es desde luego posible esclarecer ciertas cosas
sobre él estudiando los minerales, las plantas, los animales.
De hecho, puede aprenderse de él a través de esos
estudios, excepto lo que lo convierte en humano.
¿Existe realmente algo más allá del mundo de
la materia, de las moléculas, los átomos, los electrones
y las otras innumerables y diminutas partículas cuyas combinaciones
cada vez más complejas explican según se dice
todas las cosas, desde las más burdas hasta las más
sublimes?
Materia, vida, conciencia y autoconciencia son elementos ontológicamente
diferentes, incomparables, inconmensurables y discontinuos. Sólo
uno de ellos es directamente accesible a la observación objetiva
y científica por medio de nuestros cinco sentidos, la materia.
Sin embargo, los otros tres no son accesibles a esa misma observación,
porque sólo nosotros mismos, todos y cada uno de nosotros,
podemos comprobar su existencia por medio de la propia experiencia
interna.
Si sometemos a este análisis las teorías sobre el
origen de la vida y el origen del universo, es accesible encontrar
la verdadera respuesta. También encontraremos la verdadera
posición e interacción del hombre en el cosmos. Todo
aparece, entonces, como si el hombre hubiera nacido en un universo
hecho para él, que ese cosmos habría sido
construido intencionalmente a su medida. Porque lo propio de la
naturaleza humana es la capacidad de discernir.
Me impactó la maravilla de la posibilidad y capacidad que
nos ha dado el Creador para conocer la gran verdad de la estructura
jerárquica del mundo, capacidad que es condición indispensable
del entendimiento. Sin ella no es posible descubrir dónde
está el lugar legítimo y la propiedad de cada cosa.
Qué claras aparecen, entonces, todas las diferentes especulaciones
y teorías sobre el origen de la vida cuando se tienen en
cuenta estos conceptos y cuando se estudian y analizan con la mente
abierta a la verdad, cuando estamos dispuestos a aceptar la
verdad y no sólo partes de esa verdad.
*Columnista de El Diario de Hoy.
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