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Militar
asilado se reúne con su esposa e hijos
El
contralmirante del ejército venezolano, asilado en el país
desde hace dos semanas, recibió ayer a su familia
Nacional
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
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| Carlos Molina Tamayo y su esposa Narda se
reunieron ayer en el Aeropuerto Internacional El Salvador. Foto:
EDH/Claudia Barrientos |
El oficial de la Fuerza Armada venezolana, Carlos Molina Tamayo,
se reencontró ayer con su esposa Narda y sus hijos, luego
de una forzada separación que los llevó hasta el destierro.
Primero salió él como exiliado, hace ya 15 días.
Como cualquier viajero, sin mucha pompa ni recelos, Narda y los
dos pequeños hijos llegaron ayer al mediodía al aeropuerto
Internacional El Salvador, en un vuelo comercial.
Visiblemente complacido y tranquilizado por la llegada de los suyos,
Molina Tamayo rehusó hablar con los periodistas que lo esperaban
en una de las entradas al salón VIP de la terminal aérea.
Fue ella quien escuetamente dijo: estamos muy felices de estar
aquí junto a él, con los niños.
La esposa de Molina Tamayo expresó que las autoridades de
la nación venezolana no le restringieron el trámite
ni la salida de ese país.
La separación del contraalmirante con su familia inició
el 25 de mayo, cuando se refugió en la residencia de Ana
Palomo, encargada de negocios de El Salvador en Venezuela. Con ese
encierro iniciaba un corto trajín diplomático y una
difícil separación familiar.
El refugio
Molina Tamayo optó por el refugio y el exilio, al considerar
que su vida peligraba en Venezuela. Él fue uno de los primeros
militares que se rebeló contra el mandatario venezolano,
Hugo Chávez, a inicios del año.
Por su osadía, fue dado de baja. Y cuando Pedro Carmona fue
Presidente de Venezuela por un día, luego de una jornada
de protestas en las que supuestamente cayó Chávez,
Molina Tamayo recibió un alto cargo. La distinción
duró tan poco y, desde entonces, temió por su vida.
El gobierno de El Salvador le concedió asilo diplomático.
Llegó al país el 7 de junio.
Ayer prefirió la discreción y una sonrisa que compensara
la falta de palabras.
Contraalmirante, ¿cómo lo han tratado en el
país? No dijo nada en voz alta. Sólo se le acercó
a su esposa y le susurró al oído dile que excelente.
Entonces, ella respondió: - Estamos muy agradecidos
por todo el apoyo de El Salvador. Este es un gran país.
Todos sonrieron y se perdieron en los pasillos del aeropuerto.
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