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El
mundial nos envuelve
En
muy pocas ocasiones el fútbol forma parte de mis temas favoritos.
Pero debo admitir que nunca antes (en mi corta existencia) me había
tomado la molestia de seguir de cerca un mundial.
Por Roxana Huezo
El Diario de Hoy
rhuezo@hotmail.com
Me
limitaba a esperar el partido final, con el que se cerraba la copa.
Gritar un par de veces y socar de vez en cuando.
No sólo por lo complicado de acomodarse a los horarios, sino
también por el sacrificio que hay que hacer.
No hay persona que no hable o comente los encuentros y la lucha
deportiva que se libra al otro lado del mundo.
Los grandes están cayendo. Este es un mundial lleno de sorpresas,
no sólo porque me ha motivado lo suficiente, es porque los
fetichismos se han ido rompiendo.
Yo no digo esto por molestar a alguien. Sé que hay seguidores
de todos los equipos, pero está bien que, de vez en cuando,
surjan nuevos líderes.
Eso es lo que necesitamos en nuestro país.
Me refiero a todos los ámbitos, político y judicial.
A nadie le caería mal que en la próxima legislatura
todos los diputados fueran nuevitos. Que no estuvieran
maleados, que desconocieran la forma de negociar bajo
la mesa, que desconocieran el método para comprar, perdón,
conseguir votos.
Harían desastres, pero menos nocivos que los que hacen en
la actualidad. Sería una cuestión de errores involuntarios.
De esos que no causan mucho daño, que se pueden perdonar
y hasta olvidar.
Estoy segura de que harían un buen trabajo. No habría
nadie que los instruyera en el jueguito viciado. Hasta trabajarían.
Tampoco a nadie le caería mal que el Presidente de la Corte
Suprema de Justicia no tuviera compadres con los que deba quedar
bien, dándoles un buen trabajo, por eso de que algún
día falte y tenga que echarle la mano con la manutención
de su hija.
Para eso es un compadre. ¿O me equivoco?
El señor, no es que sea corrupto, es que es una persona precavida.
Yo no me molestaría si al verlos ninguna de sus caras me
fuera familiar. Total, la mayoría de salvadoreños
ni conocen a sus representantes.
También sería emocionante que Senegal y no Brasil,
ganara el mundial. Pero quizá sólo sea el entusiasmo.
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