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Comunistas
encubiertos
El
siguiente es algo súper secreto. Pocos en el país
lo saben-dijo el hombre de aspecto tenebroso.
Por Luis Lainez
El Diario de Hoy
luislainez@elsalvador.com
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Lo que a continuación sabrá deberá manejarlo
con absoluta discreción. Hágalo como si se le hubiese
olvidado, como si fue nada más un sueño. Es un experimento
exitoso que lleva ya varias décadas -prosiguió.
Por el espinazo de su interlocutor pasó una corriente eléctrica
que le crispó hasta el vello de las orejas.
- Si es algo tan importante, mejor no me diga nada. No vaya a ser
que ponga en peligro mi vida -dijo el joven aprendiz mientras rascaba
su cuero cabelludo.
El hombre tenebroso sonrío y se frotó las manos. Había
guardado el secreto, aunque fueran cientos los que formaban parte
de lo que él llamaba ensayo histórico.
- La pura verdad es que el comunismo ya echó raíces
en El Salvador -dijo.
En el rostro del otro se dibujó una mueca de desencanto.
- No le entiendo. ¿Qué de importante tiene eso? Todos
saben que Schafik ha trabajado en eso casi toda su vida.
¿Ese es el secreto que me iba a contar?
- ¡No! De heco, ni siquiera Schafik sabe que le hemos ganado
la partida histórica. Lo de él es idealismo. Lo nuestro
es un hecho real. ¡El comunismo es un hecho, pero sólo
para una pequeña parte de la población! -expresó
extasiado.
Ante la expresión de incredulidad, el hombre tenebroso se
iluminó y empezó a explicar.
- Usted sabe, en un sistema comunista el pueblo recibe todo del
Estado: salud, educación, transporte, en fin. Su calidad
de vida es óptima. Hace más de 70 años, el
Círculo Comunista, la organización a la que pertenezco,
se dio cuenta que eso en El Salvador no era posible ni en 200 años.
Así que elegimos a un grupo poblacional para que sirviera
de conejillo de indias. ¡Y ha sido un éxito! -dijo
exultante.
- ¿Quienes son esos privilegiados?
- ¡Los burócratas de alto nivel! ¿Que acaso
no se ha dado cuenta que a ellos el Estado les paga el carro y la
gasolina, las cuentas del súper, el colegio de los niños,
las capacitaciones en el extranjero? ¿Y sabe qué es
lo mejor? ¡Que el grupo crece cada vez que ellos invitan a
sus parientes a convertirse en sus asesores, cuando piden a la cherada
incorporarse al experimento de ser mantenidos por el Estado! ¿No
ve, por Dios? ¡Es un éxito!
Una llama brilló en los ojos del joven. Con mucha seriedad
dijo: Y yo, ¿puedo ser sometido a ese ensayo histórico?
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