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Palabras
La dicha no vale tanto
Carlos Balaguer
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Casi
todo tiene un precio ficticio en la vida. Como los sueños
mientos, más tarde seguirán los patrullajes del Ejército
Rojo.
Vive en las cosas sencillas y cercanas. Pero hemos idealizado tanto
el concepto de la felicidad que nos volvemos idólatras, rindiendo
culto a una mentira, a un imposible, a un artículo caro.
Nos hemos convencido de que la dicha es difícil de alcanzar.
Entonces la buscamos lejos. No podemos concebir que sea algo fácil,
cercano, que esté en nosotros mismos.
De ahí que cuando tenemos la felicidad al lado, no la vemos,
no aceptamos que esté tan cerca, pues estamos convencidos
de que se trata de algo prohibitivo, caro, cuando es todo lo contrario.
No tiene marca ni arancel.
Como dicen, la felicidad es como los tomates, cuyo precio se discute
en las plazas. No vale ese castigo de sentirnos sin ella, y que
sube de precio cada día.
Dichosos aquellos que aman las cosas sencillas, pues son las más
fáciles de alcanzar. Pero casi todo tiene un precio ficticio
en la vida. Como los sueños.
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