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Orientando
Los certificados de inversión
César Augusto Hernández*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
En
momentos de auge y crisis financieras, los recursos de las personas
que ahorran o invierten deben controlarse adecuadamente y manejarse
con honradez
Muchas empresas e instituciones financieras locales han emitido
certificados de inversión, para inyectarles capital de trabajo
a sus negocios, porque el costo del dinero les sale más barato
y no tienen que pagar capital, sólo intereses, ya que el
capital se paga al vencimiento y esta situación les permite
oxigenarse financieramente.
Lógicamente, este financiamiento es adecuado y permitido
por la ley, pero los inversionistas que adquieren dichos certificados
de inversión se juegan un albur, porque no conocen a plenitud
la situación económica y financiera ni de las compañías
afiliadas que emiten estos certificados de inversión, pues
en los últimos días hemos visto en problemas financieros
a una empresa local para hacerle frente a sus compromisos y las
personas que adquirieron certificados de inversión pueden
perder su dinero, porque los estados financieros que sirvieron de
base para autorizar estas emisiones fueron manipulados y no reflejaban
la situación real de esta empresa.
Por el bien del país y de los inversionistas, el Estado,
a través de la Superintendencia de Valores, debe fiscalizar
con diligencia y profesionalismo cualquier tipo de emisión
de estos certificados de inversión, así como existe
la Comisión de Bolsa de los Estados Unidos y, a pesar de
ello, las empresas manipulan sus ganancias para satisfacer las exigencias
de Wall Street, tal como ocurrió con la compañía
ENRON y otras empresas que están siendo investigadas.
En nuestro país tenemos una Bolsa de Valores que no registra
acciones de empresas importantes que tienen una buena rentabilidad,
porque nuestro mercado de valores es cerrado y el público
no tiene acceso a ellas; pero lo importante es que capitalicemos
las experiencias de los países desarrollados, que, a pesar
de los estrictos controles que ejercen, siempre burlan la buena
fe de los inversionistas y esta situación en nuestro país
nos puede hacer mucho daño, pues ya hemos tenido la experiencia
de instituciones financieras que han sido clausuradas en perjuicio
de los ahorrantes.
Creo que en los organismos encargados de autorizar los certificados
de inversión no sólo deben intervenir la Superintendencia
de Valores y las compañías clasificadoras de riesgos,
sino que además, la Bolsa de Valores de El Salvador debe
contar con un grupo de expertos para analizar los estados financieros
de las empresas y sus afiliadas, y sus incidencias y probabilidades
de éxito en el mercado, a fin de garantizar en mejor forma
las inversiones de los salvadoreños y de los extranjeros
que estén dispuestos a invertir.
En momentos de auge y crisis financieras, los recursos de las personas
que ahorran o invierten deben controlarse adecuadamente y manejarse
con honradez y transparencia.
* Lic. en Contaduría
Pública.
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