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La nota del día
Con estos concejales ni Ginza, ni Pigalle
Si
ahora comienzan con estacionamientos, más tarde seguirán
los patrullajes del Ejército Rojo, las multas arbitrarias
y Dios sabe qué otros desmanes
Ni la Cava Baja madrileña, ni Pigalle de París,
ni la vía Veneto de Roma, ni Ginza, en Tokyo, existirían
si se aplicara la más reciente ocurrencia de los ilustrísimos
y sapientísimos concejales sansalvadoreños. Calles
famosas por su colorido, alegría, movimiento de gente, escaparates
y música, serían heridas de muerte al imponérseles
la descabellada exigencia de contar con estacionamientos para cada
local que allí opere.
Está el caso de una famosa rúa en Santiago de Compostela,
la de los bares, que inicia con el Bar París
y termina, después de dos decenas de alegrísimos locales,
en el Dakar, como el famoso rally automovilístico. Y es que
requiere fuerzas sobrevivir el recorrido sin que el cansancio o
las copas derroten al parroquiano.
En la bruma de nuestros recuerdos se sitúa la calle Echegaray,
de Madrid, que en su momento nos pareció el sitio más
alegre del universo. Ir de copas equivalía también
a ir de tapas, como hoy en día en la calle de Cuchilleros.
Al lado del establecimiento de champiñones estaba el del
jamón y, junto a ambos, el de gambas. Los madrileños
tienen la buena costumbre de tirar servilletas usadas y carapachos
de mariscos al suelo, lo que fija señales: allí donde
el piso está más acolchonado, se comen las mejores
tapas o se bebe el vino más agradable.
Parecidas memorias nos trae una calle de Kyoto, en Japón,
que corre paralela al río, con la diferencia de que de vino
y tapas se pasa al sushi, al tempura y al sake. Lo alegre es ir
de local en local, aunque no necesariamente en el estricto orden
topográfico. Ya imaginamos el caos y tristeza que sobrevendrían
sobre esta encantadora parte de Kyoto, si entre cada uno hubiera
estacionamientos. Y lo mismo se puede decir de Soho, en Londres,
y de los alrededores de la Grand Place en Bruselas, no digamos del
Reeperbahn, de Hamburgo, uno de los lugares más pecaminosos,
pero divertidos del globo.
¿En qué están pensando los iluminados e inspirados
ediles de San Salvador? Hoy, parqueos para bares; luego, para pupuserías,
aunque no dicen nada sobre los burdeles y cantinas del centro de
San Salvador. Sin duda hay una vena moralista, regimentadora, draconiana
y colosalmente aburrida en su anatomía. No tenemos problema
al respecto, pero que se limiten a mandar en su casa y no en casas
y espíritus ajenos. Aunque se les revuelvan las vísceras
al ver muchachos y muchachas divirtiéndose en la Zona Rosa,
hay que dejar que otros hagan lo suyo. Si llegara a instalarse en
este suelo una República Popular, pues estará justificado
uniformar a todo el mundo y mandarlos a cortar caña. Pero
antes no.
Que los bares pongan sus barbas en remojo
De paso, tenemos que confesar que nos decepcionó muchísimo
la reacción de ciertos dueños de bares y restaurantes,
que dicen que las flamantes reglas sólo se deben
aplicar a los nuevos, no a los ya establecidos. A ellos tendremos
que recordarles que en un estado de Derecho, o todos en la
cama o todos en el suelo. Y, además, cuando veas
afeitar a tu vecino, pon tus barbas en remojo. Si ahora comienzan
con estacionamientos, más tarde seguirán los patrullajes
del Ejército Rojo, las multas arbitrarias y Dios sabe qué
otros desmanes. Los estacionamientos se deben ver como la mano a
la que luego sigue el codo. Una vez que se destapan las tonterías,
nadie las detiene
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