|

¡Qué bien saberte vivo!
Aunque lo intento, no lo consigo. No recuerdo cuando fue la última
vez que vos y yo hablamos. Tampoco acierto sobre el tiempo en que
jugábamos como niñitos.
Víctor Hugo Dueñas
El Diario de Hoy
escenarios@elsalvador.com
Vos con más de cincuenta y fichas... yo, arribando a los
primeros enta.
Soportabas poco que me refiriera a tu pronunciado abdomen y, menos,
que me divirtiera a tus costillas por ello.
Debés reconocer que siempre buscabas el desquite. Como preludio
a tu inminente venganza, tu infaltable ya vas
a ver... Al final, los dos en paz.
¿Cuánto ha transcurrido desde esa plática
o juegos? Cinco, seis, siete años...
Ahora que me detengo a pensar nuevamente en estas cosas, logro
verte y estoy más convencido que nunca, de tu esencia personal.
En tu niñez y adolescencia viviste de la tierra, aprendiste
a arar, sembrar, cosechar... Hoy, las circunstancias han cambiado,
y volcás tu amor por la tierra cultivando con esmero las
plantas del jardín. Conservás tu afición por
la música de Pedro Infante. Siempre recordás que el
mejicano murió un 15 de abril, día en que vos celebrás
tu natalicio.
La lectura te fascina, sobre todo, la que huele a esoterismo, creación
humana y espiritualidad, que combina muy bien con tu práctica
gnóstica.
Tu temperamento, fuerte. Tu hablar, claro y directo. Tu orgullo,
a mil.
Hay un cambio rotundo y evidente debido a tus dos nietos. Algo nunca
visto en vos.
Ellos, te doblegan, te manipulan como buenos niños que son,
consiguen lo que quieren la mayoría de veces.
El que ellos sean unos artistas para pedirte las cosas y que vos
hayas caído en la categoría de abuelo quizá
explica lo de nuevo de tu proceder. Resumiría: te has chochado.
Como sea, lo bueno es que todavía estás por ahí,
vivito y coleando y eso es muy gratificante.
Todavía veo tu pancita, tu frente amplia acentuada por las
entradas; tus rizos -aunque ahora se están blanqueando-
y tu rostro evidencia los fatigosos años de trabajo, y como
ha dicho alguien más, el tiempo ha dejado en tu piel
sinfín de huellas.
Más lejos, que cerca... Cada uno tiene su explicación.
Yo culpo a las circunstancias... (vaya que me cansé de intentar
mejorarlas, papá).
|