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Posibles soluciones
Inundaciones y periférico
Edgardo A. Molina
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Sin embargo, todos olvidan, o no se han percatado, que quien tiene
la principal responsabilidad de evitar inundaciones es nuestra población
Hay dos situaciones en nuestro diario vivir que deben ser abordadas
objetivamente. La primera, las inundaciones, que ya se hizo sentir,
debido a las recientes lluvias que cayeron sobre la capital, ocasionando
grandes daños, y al entrar completamente el invierno, los
daños serán mayores.
Las protestas surgieron inmediatamente, y se plantea la pregunta
de a quién corresponde solucionar este problema. Mientras
un sector sostiene que corresponde a la Alcaldía de San Salvador,
otro le adjudica la solución al Ministerio de Obras Públicas.
Sin embargo, todos olvidan, o no se han percatado, que quien tiene
la principal responsabilidad de evitar inundaciones es nuestra población.
Es esa arraigada costumbre de lanzar basura a la calle, a diestro
y siniestro, la que ocasiona que los tragantes de aguas lluvias
se tapen y no permitan el rápido desalojo del agua.
Todos los días observamos gente lanzando basura, papeles,
ripio, plásticos y otra gran variedad de desechos a las cunetas
y, a menudo, en los mismos tragantes. Esto da como resultado que
en esta época veamos cuadrillas de Obras Públicas,
o de la Alcaldía, trabajando por todos los rumbos de la capital
en la limpieza de estos desagües, para lograr que el agua drene
rápidamente. Sin embargo, esto no es suficiente, pues dentro
de las mismas tuberías hay acumulada una gran cantidad de
basura, así como tierra azolvada, que no permite el libre
flujo del agua.
Añádase a lo anterior la situación de las
quebradas que atraviesan la capital. Todas, absolutamente todas,
son unos completos basureros. Allí se encuentran llantas,
cocinas, ripio, colchones, animales muertos y otra gran cantidad
de objetos que reducen la capacidad de las quebradas para funcionar
como verdaderos sistemas de drenaje.
Esta situación demanda una pronta solución que elimine,
o al menos reduzca, las inundaciones. Una primera solución
es una aplicación estricta de la Ordenanza Municipal, penalizando
drásticamente a aquellas personas que lanzan basura a las
calles. Esto reduciría la cantidad de desechos que obstruyen
los tragantes y las tuberías.
A continuación se debe proceder a limpiar las tuberías
con equipo e instrumentos especiales, a fin de devolverles su capacidad
hidráulica, pues no necesariamente son obsoletas, sino que
sus dimensiones interiores se han visto reducidas.
Una segunda solución es la limpieza inmediata de todas las
quebradas de la ciudad. Pero no sólo es limpieza. Es también
convertir las quebradas en canales abiertos, apropiados para el
libre flujo hidráulico, lo cual se logra revistiendo con
concreto el lecho de la quebrada, así como emparejando los
extremos laterales y recubriéndolos con repello para eliminar
rugosidades que entorpecen el flujo del agua.
Cualquier ingeniero, principalmente los que se dedican a la rama
hidráulica, sabe que reduciendo el coeficiente de rugosidad
del fondo y las paredes, se incrementa el régimen de flujo
hidráulico y esto es lo que se lograría con lo antes
expuesto. Dicho en palabras más sencillas, cuanto más
lisas las paredes, más agua circula.
A este respecto, cabe mencionar que existe una tesis de grado titulada:
Planteamiento de soluciones constructivas al drenaje natural
del área metropolitana de San Salvador, presentada
en la Universidad Tecnológica, en 1993, por los ahora ingenieros
Alberto Molina Sierra, Wilfredo Escobar Amaya y Oscar Mendoza Alfaro.
En ella se han analizado las condiciones actuales de una quebrada
típica de San Salvador y su capacidad de conducción
de agua, y luego se hace un análisis del resultado que se
puede obtener convirtiéndola en un canal abierto, demostrando
que esta solución es factible. La propuesta ya está
hecha y no se necesitaría el incurrir en grandes gastos de
consultoría para enfrentar esta solución.
Así que aquí quedan planteadas dos soluciones para
minimizar las inundaciones.
La segunda situación que tenemos es la construcción
del anillo periférico. Esta también ha generado grandes
protestas y una serie de ponencias, por diferentes sectores que
se oponen a su construcción, muchas de ellas basadas en conceptos
erróneos.
Primero, debo dejar claro que con mi experiencia como ingeniero
estoy totalmente de acuerdo con la construcción de esta obra
por las siguientes razones:
Reducirá el congestionamiento de vehículos, reducirá
la contaminación del aire y las enfermedades pulmonares que
ésta produce, disminuirá el desperdicio de horas-hombre
de trabajo, se ahorrará combustible y, por consiguiente,
divisas, que tanto inciden en nuestra economía, al reducir
la importación de combustibles, así como muchas otras
razones de beneficios que sería largo enumerar.
El argumento principal de los que se oponen es el efecto que tendrá
en el medio ambiente, principalmente, según su opinión,
porque disminuirán los mantos acuíferos. ¿Será
cierto esto?
Analicemos un poco.
Tomemos a lo largo del proyecto una porción de un kilómetro
cuadrado, 1,000,000 de metros cuadrados, atravesados por una autopista
de 30 metros de derecho de vía, con hombros laterales y un
arriate central, con dos pistas de 7.50 metros de ancho cada una,
lo que es igual a 15 metros de pavimento. Esto nos da, a lo largo
de un kilómetro, 15,000 metros cuadrados, o sea 1.5 % del
total, lo cual no es significativo. Por su propia naturaleza, el
agua siempre busca su camino hacia abajo, lo cual significa que
el agua que cae sobre el pavimento siempre se escurrirá y
terminará filtrándose en la vecindad de la carretera.
Y si esto no fuera suficiente, puede complementarse con pozos de
absorción hacia los cuales se puede drenar el agua y no se
perdería este líquido.
En cuanto a las especies silvestres, éstas, al inicio, se
alejarán del área de influencia durante un tiempo
y, posteriormente, se irán acercado a sus lugares originales.
Si todavía no creen que éste sería el comportamiento
de los elementos, obsérvese lo que sucede en la carretera
hacia Santa Ana. Tiene, aproximadamente, las mismas dimensiones,
desde el km. 22 hasta el km. 35, a lo largo del Valle de Zapotitán.
¿Se ha visto reducida la cantidad de agua en sus mantos acuíferos?
De ninguna manera. En esta zona, para hacer un pozo es suficiente
con excavar unos cuantos metros.
¿Ha habido deforestación? De nuevo la respuesta es
NO. Por el contrario, tanto los hombros como el arriate central
han servido para que crezcan muchos árboles, y si no hay
más es porque nadie se ha preocupado por sembrarlos, y las
especies silvestres han vuelto a proliferar en la zona.
De igual manera se pueden citar otros ejemplos, como la carretera
hacia Sonsonate, con similares condiciones geométricas y
ambientales, o como la carretera del Litoral hacia oriente. La única
diferencia es que esas carreteras iniciaron su vida hace casi cien
años y todos estamos tan acostumbrados a verlas y transitarlas
que a nadie se le ocurre hablar de daño ambiental o desaparición
de mantos acuíferos.
Sigamos adelante con este proyecto y modernicemos El Salvador.
*Ingeniero civil.
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