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Hablando claro
Sepamos distinguir la verdad de las mentiras

Guillermo Guido
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Es verdad que queremos vivir en paz, en una patria sin dro-gas, ladrones, secuestradores, violadores, políticos corruptos

Cada vez que se acerca un período de elecciones (diputados, alcaldes, presidente), el pueblo salvadoreño es bombardeado con noticias escandalosas, señalamientos, rumores, calumnias, enfrentamientos de políticos, encuestas de opinión, protestas “sociales”, divisiones de partidos políticos, aparecimiento de nuevos “líderes”, huelgas, paros “técnicos”, etc., con lo cual se busca crear un ambiente favorable o desfavorable a determinadas personas, partidos políticos o corrientes ideológicas.

La mayoría de estas actividades es puro show, originadas por personas o sectores que no tienen ninguna credibilidad y que al final sólo buscan confundir al ciudadano común, que se encarga en repetir las cosas sin darse cuenta de que es utilizado. Esta práctica fue utilizada desde los años de la guerra, cuando “Radio Venceremos” difundía toda clase de mentiras que se les antojaba.

Es mentira, por ejemplo, que el FMLN quiere gobernar al país. Su incapacidad y resentimiento es tal que prefieren estar siempre como oposición, obstaculizando perennemente todo lo que el gobierno proponga hacer, especialmente si es para beneficio inmediato de las mayorías.

Es mentira que se mantendrá la salud del pueblo con sólo aumentos en su presupuesto anual, mientras en los hospitales nacionales, centros de salud y Seguro Social existan círculos de médicos privilegiados, a los que no les interesa cumplir con sus horarios y obligaciones, y que además no permiten el ingreso y especialización de más jóvenes profesionales.

Es mentira que la aplicación de justicia está siendo justa y moralmente impartida, cuando seguimos soportando a una generación de jueces perturbados que dejan en libertad a los más peligrosos y crueles delincuentes, aduciendo cualquier tecnicismo pusilánime.

Es mentira que nuestro proceso de democratización continúe fortaleciéndose, mientras siguen los gastos exagerados, puestos innecesarios, altos salarios, viajes frecuentes y carísimos, contrataciones amañadas, arreglos y componendas secretas y todo lo vergonzoso que se da en la Asamblea Legislativa y en la Administración de Justicia.

Es mentira que nuestra niñez y juventud representen un futuro promisorio para el país, cuando su educación está en manos de profesores y centros de estudios con una bajísima calidad pedagógica. FUSADES, en su publicación anual, recomienda invertir en educación para desafiar el crecimiento económico y la pobreza.

Es mentira que se busque la mejoría del pueblo salvadoreño en un corto plazo, mientras se entrampan proyectos grandes de desarrollo nacional y se mantenga suspendida la aprobación de préstamos internacionales.

Es mentira que practiquemos los derechos humanos, cuando los que señalamos las fallas y sinvergüenzadas de los políticos, nos vemos expuestos a demandas, amenazas e insultos de aquellos que resultan aludidos.

¿Pero, entonces, hay alguna verdad en todo lo que se comenta una y otra vez?
Bueno, es verdad que ya nos “arde” ver los grandes salarios de diputados, presidentes de autónomas, asesores, magistrados y consultores, que lo único que hacen bien es dañar la institucionalidad del país, mientras son miles de salvadoreños que todos los días salen a buscar trabajo, aunque sea por el salario mínimo.

Es verdad que lo que el país necesita desesperadamente, son más fuentes de trabajo y menos “paja”.

Es verdad que la clase media se encuentra cada vez más limitada, lo cual también mantiene limitada la reactivación económica interna del país.

Es verdad que toda la gente exige que se combata la delincuencia de una vez por todas, rápidamente y con mano dura. Para empezar, el director de la PNC está exigiendo desde el año pasado una ley que prohíba la portación de armas de fuego.

Es verdad que al pueblo le molesta el hecho de que los empleados de gobierno sigan ganando los salarios más altos, sin que por ello la ciudadanía reciba un mejor trato y un servicio ágil y barato.

Es verdad que los salvadoreños ya estamos hastiados e indignados con ciertos diputados oportunistas que están lucrándose y jugando con las esperanzas y necesidades del pueblo desde hace 10 años.

Es verdad que queremos vivir en paz, en una patria sin drogas, ladrones, secuestradores, violadores, políticos corruptos y algunos jueces sinvergüenzas.

Otros problemas como epidemias, terremotos, sequías e inundaciones los sabremos enfrentar como siempre.

* Mercadólogo.

 

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