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Problemas de la vida diaria
La manía de las prisas
Pedro Roque
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Estimados
amigos... Si estuviéramos conscientes de las pér-didas
e improductividades causadas por las prisas, como accidentes, heridos
e incluso muertos, seguramente se nos pararán los pelos.
Si no lo cree, sencillamente haga un alto en la lectura y piense
en su último percance a causa de sus prisas o las prisas
de otras personas. Cuantifique el costo directo e indirecto y el
retraso, y verá cómo sí tengo razón
Estaba muy tranquilo, esperando a que el semáforo cambiara
a verde, cuando de pronto, aún en rojo, la señora
o señorita que vi por el retrovisor, con un niño pequeño
en el asiento de la par, sin cinturón de seguridad, sonó
virulentamente tres veces el claxon de su carro, para
alertarme que el semáforo iba a cambiar y que inmediatamente
debía salir zumbando o tenía que apartarme...
Arrancamos y, en cuanto pudo, haciendo maniobras peligrosas en
zig zag cambió de carril cuatro veces en doscientos metros
hasta llegar al siguiente semáforo, donde casualmente quedamos
a la par. La miré, como preguntándole, ¿por
qué tanta prisa? Su respuesta, también en una mirada,
la sentí como diciendo: ¡Eres tonto, no ves que tengo
mucha prisa! Ahí mismo decidí este artículo.
Evidentemente, no me importan las razones de su prisa, incluso
si su prisa era casual o padece de la manía de las
prisas; lo que sí me importa, y mucho, es el riesgo
que ella misma corre por sus prisas, el que hacía correr
al niño que llevaba a la par y a muchos otros que circulamos
con normalidad y queremos llegar ilesos a nuestro destino.
Cuando aquí sucede un accidente provocado por las prisas,
puede ser que ni se entere quien lo provocó, pues por las
mismas prisas y la ansiedad que causan, quizás ni tenga tiempo
de ver hacia atrás, además, lo normal es que cuando
alguien provoca un accidente no frena para asumir la responsabilidad.
Otra cosa es que muchos vehículos o no llevan espejo retrovisor
o la gente, sencillamente, ignora la imagen que refleja. Por ejemplo,
cuando viajando hacia el aeropuerto o cualquier otro lugar, le hago
señales con la luz al que va adelante para que se cambie
al carril de la derecha, o no lo ve o no le importa y tengo que
adelantarlo por la derecha.
Antes de que las lectoras se disgusten, cariñosamente les
advierto que estas situaciones no suceden sólo con las féminas,
sino, y por falta de educación vial, con la mayor parte de
los que siempre andan con prisas y, especialmente, con los señores
motoristas de buses y microbuses.
Por cierto, observando sus conductas, concluí hace unos
meses que la causa de su manía persecutoria,
que consiste en adelantar como sea al que va adelante y hacer cualquier
cosa para que el que viene atrás no le sobrepase, tenía
su causa en asegurarse los pasajeros de la siguiente parada, pero
no es así. Lo hacen por diversión, por demostrarse
unos a otros de lo que son capaces y porque ni el dueño del
bus, ni los clientes, ni la policía de tránsito les
exigen conductas diferentes.
Y con relación a las prisas, los clientes no dicen nada,
porque muchos también tienen la manía de las
prisas y se emocionan con esa forma tan agresiva y aparentemente
rápida de manejar.
¿En qué consiste la manía de las prisas?
Es bien sencillo y la respuesta quizás usted mismo ya la
sabe.
El tiempo dura lo mismo para todos, los días, minutos y
segundos pasan para todos con la misma velocidad. El segundo,
como unidad de tiempo, es universal, dura lo mismo para todos los
habitantes del planeta.
Quienes sufren de manía de las prisas están
convencidos de que su problema es que el tiempo pasa demasiado rápido.
Otros, porque al iniciar un trabajo calculan mal el tiempo, al principio
trabajan despacio para al final acelerar desmesuradamente, lo que
incluso les lleva a tomar decisiones precipitadas. Otros piensan
que el tiempo es traicionero y que, cuando más lo necesitan,
más en su contra se vuelve y así, cada maniático
de las prisas tendrá su propia explicación.
Estimados amigos... Si estuviéramos conscientes de las pérdidas
e improductividades causadas por las prisas, como accidentes, heridos
e incluso muertos, seguramente se nos pararán los pelos.
Si no lo cree, sencillamente haga un alto en la lectura y piense
en su último percance a causa de sus prisas o las prisas
de otras personas. Cuantifique el costo directo e indirecto y el
retraso, y verá cómo sí tengo razón.
¿Y qué hacer para terminar con la manía
de las prisas? Es sencillo.. Prever el tiempo necesario para
hacer cada cosa bien a la primera, pues si no lo hace
así, tendrá que repetirla y el tiempo, irremediablemente,
se le echará encima. Medir el tiempo que requiere cada cosa
y cada tramo de carretera en función de la hora y la saturación
del tránsito. El mismo trecho a una hora sin tráfico
puede requerir del doble que en la hora punta...
También es importante saber lo que tiene que hacer y cuánto
tiempo necesita cada cosa, planificarlo y hacer las actividades
en el tiempo previsto. Otro punto es no querer uno hacerlo todo,
enseñar a trabajar a la gente, infundirle confianza para
que trabaje bien y corregirle amablemente para que lo mejore, le
ayudará a que le ayuden y dispondrá de más
tiempo para usted.
Un consejo sano es levantarse a tiempo para no empezar con prisas
desde en la mañana, y para levantarse temprano, hay que acostarse
a la hora conveniente, aprender a dormir, dormir, descansar, reponer
energía y no dormir más de lo previsto. ¿Y
qué hace falta para esto?... Estar tranquilo con uno mismo
y los demás, saber que hizo bien sus encomiendas y se entregó
con cariño y devoción a su trabajo.
Si lo hace así todos los días, no tendrá problemas
con el tiempo y, en lugar de su enemigo, será como en mi
caso, que al tiempo y a la prevención los considero mis amigos.
Tenga en cuenta que las prisas son contrarias a la eficacia y a
la eficiencia. Cuando tenga prisas, pare y piense cuál es
la causa y si de verdad son necesarias.
Si averiguó las causas corríjalas y aprenda pare
evitarlas en el futuro. Y si no son necesarias, reduzca la velocidad
y disfrute de las pequeñas cosas de la vida.
* Ingeniero y columnista de El Diario
de Hoy.
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