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Interpretación correcta
Proteger el medio ambiente

Teresa Guevara de López
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Ya es hora de que entendamos que el respeto hacia la ecología y la protección al medio ambiente comienzan en un adecuado manejo de la basura y es tarea conjunta de padres y maestros en la escuela, en el hogar y en la empresa

Cada época trae consigo cambios, novedades y sorpresas a las cuales tenemos que acostumbrarnos, amoldarnos y, más que nada, tener una actitud abierta al impacto que todo ello traerá en nuestras costumbres. Esto supone un cambio de mentalidad y el uso de un vocabulario diferente. Hace unos años, nadie hablaba de ecología, ni de protección al medio ambiente, y hoy éste es un tema obligado en materia de construcción, educación, mercadeo y otros.

No deja de ser gracioso que se hable de empaques, telas, urbanizaciones e instalaciones que se presentan con el apellido de ecológicos. Lo mismo pasa con el término “ergonómico”, que muy pocos saben lo que significa, pero nos lo recetan como segundo apellido en sillas, almohadas, camas y mil otros objetos, como un valor agregado.

La protección al medio ambiente es una obligación de todos y un deber que el hombre había ignorado durante muchos años, y por lo cual está pagando actualmente una factura muy elevada.

En 1485, Leonardo Da Vinci dejó escrito en sus apuntes esta impresionante frase: “La madre naturaleza debe desear fervientemente la extinción de la raza humana, por inútil y destructora de todo lo creado”.

El maestro de Bolívar, Simón Rodríguez, dejó constancia de su amor por la naturaleza en los nombres de sus hijos: Choclo y Zanahoria Rodríguez. Y durante los restantes 500 años, el hombre se ha excedido en sus niveles de destrucción, hasta presentar el panorama lamentable que hoy observamos y que hace decir al Dr. Juan Rof Carballo:

“En el mundo de hoy la ternura es un tema olvidado por sabios, científicos y hasta poetas, sin reconocer que se manifiesta hasta en el ritmo de la naturaleza y despierta en lo más hondo de nosotros el impulso de ser buenos”. El desprecio hacia la naturaleza, el desorden ecológico, la destrucción de árboles y flores, pájaros y peces es una muestra evidente de esta peligrosa labor destructiva de los seres humanos.

En el Siglo XXI, la preocupación ecológica es una constante en todos los países civilizados y en vías de desarrollo. Se habla de empresas verdes, de materiales reciclables, de protección al medio ambiente, pero muchas veces sólo como conceptos teóricos con muy poca aplicación práctica. Oímos los severos argumentos de los ecologistas extremos, que no se bañan por no ofender la tierra que llevan encima, que se desgarran las vestiduras cuando alguien intenta podar un árbol que está en peligro de caerle encima a su casa, y no duermen preocupados por las generaciones futuras, sin dedicar ni un solo pensamiento para velar por la generación presente.

El Ministerio de Educación recomienda insistir en sus programas en el respeto al medio ambiente y en cuidar la ecología. Para cumplirlos, vemos cómo escuelas, colegios, universidades, ONGs y entidades de todo tipo organizan pintorescos desfiles, disfrazando a los niños de repollos, mariposas y toda suerte de verduras, que consumen toneladas de agua envasada en bolsas plásticas, que luego forman una verdadera alfombra en las calles por donde se manifestaron. Y además el desfile provocó el cierre de varias calles, tremendos embotellamientos, enormes gastos de combustible y la contaminación causada por los motores.

Hay que buscar la raíz del problema: la principal causa de contaminación del medio ambiente y de daño ecológico irreparable es LA BASURA. La regla elemental que todos los salvadoreños tenemos que aprender es que hay que separarla, distinguiendo lo que es orgánico, que se pudre y sirve para compostaje, de todo lo demás que puede ser reciclabe: vidrio, lata, plástico, papel, que pueden ser fuentes de trabajo y origen de nuevas empresas.

Que las empresas productoras de plástico y las que venden agua en bolsas tienen como primera responsabilidad social el librar nuestros campos y ciudades del triste aspecto que presentan los miles de bolsas esparcidas por doquier.

Que el echar basura en tragantes, especialmente platos y vasos desechables, es la causa de inundaciones que dañan propiedades y artículos domésticos de las personas de escasos recursos que viven cerca de ríos y quebradas.

Y que precisamente esos ríos, antes fuente de vida, constituyen hoy botaderos asquerosos y malolientes, donde el agua brilla por su ausencia. Ya es hora de que entendamos que el respeto hacia la ecología y la protección al medio ambiente comienzan en un adecuado manejo de la basura y es tarea conjunta de padres y maestros en la escuela, en el hogar y en la empresa. Si no comenzamos a hacerlo ya, es inútil invertir millones en campañas y desfiles que no pasan de ser pintorescos.
*Profesora y columnista de El Diario de Hoy.

 

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